Lo sabía. Los medios hicieron con el debate lo que les dio la gana. La UPR es un recinto de revoltosos y punto. Por supuesto que el debate no podía ser nada menos que “candente” (como lo adjetiviza el título del artículo de El Nuevo Día). No importa el profesionalismo y cuidado con el que se desarrolló todo el trabajo de organización llevado a cabo por la APEP. O el hecho de que fue una actividad dirigida por y para estudiantes, esa misma juventud que tanto critican porque disque no hace nada y son unos plastas apolíticos, no pensantes. No importa tampoco la paciencia con la que estudiantes (que no contábamos con los privilegios de colaera de periodistas e invitados especiales) esperamos en la fila desde las 12:30 del mediodía, bajo un sol particularmente caribeño en lo candente que era. NO. Nacarile del oriente con esas historias.
Lo que importó, lo que se llevó titulo, lead, más de la mitad del cuerpo de la noticia, citas, y conclusión, fue un incidente protagonizado por tres personas. Tres. De cientos que había. Un instante revoltoso de tres estudiantes cubiertos con gorras y gafas que interrumpieron al gobernador momentáneamente es lo que es noticia. Ni siquiera se cubrió el hecho de que inmediatamente el acto recibió un gran abucheo y un unísono coro de “fuera” no se hizo esperar. Esta reacción, reflejo del compromiso del estudiantado con un espacio para debatir y no el imponer ideas y artimañas que pertenecen a otros espacios, quedó olvidada. Las iniciativas, los intentos de desarrollo, mucho menos los mensajes allí presenciados….Nada de eso importa. Hay un molde sobre como escribir historias de la UPR (y de la juventud) y a ese molde se ajusta todo, sea o no parte importante de los acontecimientos. La verdad es que la prensa, y la noticia, muchas veces es puro performance.











La verdad es que la transparencia y la integridad de muchos de nuestros medios y periodistas es cuestionable. Las causas y razones son múltiples. Con suerte se publicó en días posteriores lo beneficioso que había sido para el Partido Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR) el debate, ya que le permitió mayor exposición y reconocimiento. En consecuencia recibieron emails de personas interesadas en conocer más de lo que propuso su presidente y candidato a la gobernación.
También el presidente de la APEP escribió y se le publicó una columna sobre la importancia de reconocer el logro que en sì significa el debate.
Por mi parte, yo me encontraba en las afueras del Teatro luego de haber presenciado el debate y observaba el puñado de estudiantes que a las puertas de la instalación estaban tocando plena y cantando frases de protesta.
Quedaban pocas personas y los politicos ya se habían ido. Se acerca un periodista, enseña su id y hace varias preguntas. Anota en su libreta y sonriente se aleja diciéndome que mañana saldré en la nota del periódico. En la nota en la sección de política se escribió lo siguiente:
“Luego del debate, Irizarry Mora ni siquiera criticó la ausencia de Fortuño, cuando por lo general los debatientes tienden a hacer papilla al candidato que rehúsa debatir con ellos: “No sé por qué no estuvo ni tengo por qué saberlo”, dijo, “pero no le voy a adjudicar que es un irresponsable por eso”.
“Sólo voy a decir que debió estar aquí”.
Incluso, Viviane Rivera, una estudiante de sociología que salía sonriente del debate, impresionó con la casi enfurecedora ponderación con la que respondió una pregunta de El Nuevo Día sobre si le había molestado el que Fortuño no hubiese estado allí: “Es que molestar quizás no sea la palabra”, dijo, “pero para él debió haber sido importante estar aquí”.
“Y, al no estar, se quedó aislado de todo eso”.
(Ni sonriente, tampoco enfurecida. Me pregunto a quién impresioné. No entiendo. Se supone que lo escrito hace referencia a mi persona pero siento que han sido alteradas las palabras, el contexto, la situación y hasta el nombre de la autora de esas palabras.
Creo que es tanta la “necesidad” de vender una noticia, una información usando la controversia y el sensacionalismo como punta de lanza que se llevan demasiadas cosas importantes por delante y, muchas otras se pierden de camino, tales como lo que planteas aqui arriba.
El periodista no sólo me cambio (aunque levemente) el nombre sino que alteró lo que ya estaba en sus propias palabras anotado. Me pregunto cual será la diferencia de escribir mi nombre o el de otra persona inexistente, de escribir lo que dije o algo que pude haber dicho, de colocar una palabras de opinión y adjudicarlas a un nombre o realmente citar a una persona que estuvo en el debate y lo que dijo es relevante e importante para quienes leen la noticia. Creo que hay una gran diferencia y que sucede con demasiada frecuencia.)
ja, sabes que cuando lo lei me pregunte si habias sido tu, pero entre lo de viviane (no viviana) y lo de “enfurecida”, dije “na, no puede ser”. Y resulta que sí…sabes quién es? hay una reportera de El Nuevo Día que es medio famosa por hacer lo que le da la gana con las citas. Tengo a un amigo (el blogger de http://www.enredos.net/tinta) al que le inventaron una cita en un artículo sobre blogs. y bueno si hasta un periodista (Jayson Blair) del New York Times se inventó historias por años, quien dice que aquí no pueda pasar?