La “coolificación” de Ballet Concierto: el XXI Festival de Coreógrafos

31 10 2007

Con un título que lleva todas las de venderse como oferta innovadora (signos de exclamación, apertura a múltiples ritmos y uso de un pronombre inclusivo) Ballet Concierto de Puerto Rico presentó su XXII Festival de Coreógrafos: ¨¡Bailando al son que me toquen!¨. Como todos los años, se pretendía hacer una especie de compilación de baile en la que coreógrafos de diversos países presentan sus trabajos; dándole una oportunidad tanto al público como los estudiantes de Ballet Concierto de exponerse a cosas diferentes. Y ciertamente, cosas muy diferentes fueron las que se vieron.

Si bien se reconoce el esfuerzo que conlleva realizar una actividad dedicada exclusivamente al baile en un espacio tan prestigioso-ejem caro- como el Centro de Bellas Artes de San Juan, hay que resaltar que el espectáculo fue altamente inconsistente en términos de calidad. Tuvo, en resumidas cuentas, dos números regulares con coreografías que estaban bien pero que no decían mucho ni aportaban nada nuevo al mundo del baile (mucho menos al arte en general); dos trabajos geniales, y una aberración total que parecía más talent show de high school que otra cosa.

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Empezemos por lo bueno: “4 x tango” de Denisse Eliza y “Abriendo puertas” de Emmanuel de Jesús, ambos puertorriqueños y también los dos coreógrafos más jóvenes de la actividad. En el caso de “4 x tango”, que ganó el premio de mejor coreografía, se hizo un estudio cronológico del desarrollo del tango desde sus inicios hasta las mezclas actuales con la electrónica, siendo particularmente interesante el uso de proyectores y elementos multimedia como parte de la escenografía. Este elemnto multimedia está muy en voga en el mundo de la danza contemporánea (Sylvie Guillen, Ballet Nacional de Marseille, etc.) , pero en Puerto Rico como que no acaba de llegar.

Por otro lado, “Abriendo puertas”, que mereció una mención especial, tomó una premisa tan simple como abrir una puerta (sí, literalmente eso es el germen creador de la pieza) para comentar sobre la paz y la tolerancia tanto desde la conocida frase de “salir del closet” (eran nueve hombres entrando y saliendo constantemente a través de estas puertas, y, considerando los debates sobre la resolución 99, no creo que sea casual) hasta la incomunicación que a veces representa vivir en un mundo tan apresurado y complicado como el nuestro.

Sin embargo, las primeras dos piezas, “Preludio numero 1” de Eloy Barragán y “La valse” de Héctor Sanzano, resultaron bastante ordinarias (en gran medida por la pobre interpretación técnica de los bailarines quienes se fueron de tiempo, tuvieron problemas de spacing, entre otras novatadas no dignas de una compañía) y la última, “Grafiti” de Marie Frances Pérez fue un final bastante nebuloso.

Marie Frances Pérez posando para el "Bombón de Así" de Primera Hora donde "Las interesadas en participar en esta sección envíe -para evaluación- sus fotos en colores de cuerpo entero en bikini"...nice.

Marie Frances Pérez posando para el "Bombón de Así" de Primera Hora donde "Las interesadas en participar en esta sección envíe -para evaluación- sus fotos en colores de cuerpo entero en bikini"...nice.

Se entiende que Ballet Concierto es una escuela de ballet y probablemente no están muy en contacto con el mundo del hip hop, pero por dios, eso no es excusa, si te presentas como profesional bailas como profesional, sea tu campo o no, y si no te sale, pues en verdad, ten la humildad de cederle el espacio a los que saben. Mas no sólo estoy hablando de la calidad del baile (los nenes de juventour les dan tres patás) sino también la misma coreografía, que era un “remake” de lo que ya se ha visto cuarenta mil veces en Save the Last Dance, Step up y Center Stage entre otras películas recientes: muchachas de ballet de repente descubren lo urbano y voila!: todos términamos bailando felices, bla bla bla… nada nuevo y ni siquiera contaba con una coreografía llamativa con pasos interesantes… eso pasa cuando el mayor credencial del artista es ser director coreográfico de Miguelito.

Y fueron esos subes y bajas lo que le dio un feeling entre amateur y apresurado a la producción como si hubiera que cumplir con este statement “in” de “¡Bailando al son que me toquen!” a como dé lugar. Uno esperaría que con ese título se jugaría con los muchos posibles bailes dependiendo del son que se diera, pero terminó sintiéndose como una excusa para abarcar tanto el hip hop como el ballet en un sólo show, en un esfuerzo que parecía estar orquestado para promover una “coolificación” de Ballet Concierto. Esto en un momento en que el ballet ha perdido exposición en la Isla y las nenas son llevadas a participar del “reggeatoni” de Kellogs con Toni el Tigre, en vez de entrenamiento formal en baile, como solía ser el ritual de las niñas buenas de clase media.

Se entiende los deseos de integrar otras cosas, es más es una aspiración súper necesaria en el arte, pero no cuando se siente forzado, no cuando viene tan empujado a lo apucha y traga porque como bien nos han dejado saber los anuncios de Sprite, la desesperación no es sexy, y peor aun, es evidente.





¡Por fin somos Colón!

29 10 2007

Afiche de1 1982 de  pelicula española

El pasado martes 16 (si, nada de 13 ni de superticiones aunque estemos en el mes de las “brujas”) reconocí nuevas y viejas realidades en mi más reciente visita al teatro del recinto riopedrense de la universidad del estado, es decir, la iupi. Directamente desde España se presentaba en única función La Barraca de Colón, cuyo estilo de la compañía Teatro Corsario y sinopsis intrigaron a estudiantes, profesores y público en general que llenaron casi a capacidad la sala. No logramos entrar a la función sin antes hacer una fila desorganizada que nos mantuvo frente a las puertas del teatro desplegados por sus escaleras cuales feligreses llegando de una larga procesión a un anhelado altar. Pero esperar así es una vieja realidad al igual que la ola de calor, el dengue o que si eres extranjero a la iupi pagas diez dólares con setenta centavos, en otra ocasiones quizás más, para lograr acceso a las tablas. Las nuevas realidades estaban a punto de comenzar conjunto con la obra que estaba media hora retrasada. Tratando de escoger el mejor asiento me encamino por las escaleras y una ujier me explica que permanece cerrada la puerta de acceso al mezzannine y de más áreas del segundo piso por órdenes de esperar que se llene el primer piso primero, ¡que casualidad! Entendemos por razones obvias que esas órdenes provenían de alguien superior en poder a ella en la omnipresente torre de la burocracia. Aunque usted haya pagado o tuviera el privilegio de entrar de manera “gratuita” tenías que acomodarte estructuradamente y en ese orden designado. Las taquillas no asignaban asientos, solo un conteo de registros. Dudo que, si se llenaba la sala y decidían abrir el segundo piso, fueran a buscarme en la esquina o entre medio de asientos para hacerle honor al valor de la justicia y permitirme ubicarme donde realmente quería, antes de que alguien que llegara mucho más tarde que yo ocupara los deseados asientos del mezzannine. Todo quedó como un suceso imaginario pues ante la llegada de más compañeros finalmente no terminó como utopía el acceso al segundo piso, nuestra primera opción.
La tradicional tercera llamada y la delicada disminución de luces fueron la señal para el silencio de la audiencia y la salida de un hombre a escena que, abriendose paso entre el aún cerrado telón, nos acompañaría el resto de la hora y media narrando la obra. Ésta estuvo caracterizada por un elenco realizando más de un personaje, la sátira y los elementos circences. La comedia fue el resultado mientras nos presentaban una nueva versión del personaje histórico de Cristobal Colón desde una perspectiva muy diferente y menos inocente que la que nos enseñan con detalles menguados cuando vamos a la escuelita. Desde el nacimiento de la primera ambición hacia el viaje a las Indias hasta la llegada a las Américas, su relación con la Reina, los nobles y nativos mejicanos del futuro escenificados añadido a la picardía, canto y baile del espectáculo, lograron que transcurriera una presentación fresca y diferente a los que conocemos en el teatro de nuestro país.

En medio del festejo por el concedido permiso Real de su planificado viaje, el personaje principal genialmente exclama: “¡Por fin soy Colón!” dejando entrever la intención de presentarlo como el ser codicioso que pudo haber sido y abriendo una ventana entre él, el futuro y la audiencia. Pensé que aún con el efecto del tiempo y la historia cada uno de nosotros se parece mucho a este personaje mientras buscamos como el dinero, poder, fama, tecnología y medios mal utilizados puedan encaminarnos a algún portal que nos permita ver en que nos convertiremos, poder regresar y decir ante un legendario logro, entre ironías y frivolidad… ¡Por fin somos Colón! Es precisamente la estaticidad de ciertas ideas y prejuicios que han predominado en sociedades las que fueron problematizadas y burladas en el argumento de la pieza puesta en escena.