“Del cielo a la tierra”, documentando las luchas comunitarias

25 10 2008

Tienen capital humano, capital ambiental, e incluso, capital económico. Producen alrededor de 120,000 empleos al año a través de microempresas administradas y patrocinadas localmente. Pero entonces, si tienen tanto recurso disponible, ¿cómo es que parece que las comunidades todavía no arrancan?

 

Con la intención de explorar el desarrollo de las luchas comunitarias y su estado actual, la casa productora local, Zona Franca, saca a la calle su nuevo documental: “Del cielo a la tierra”, dirigido por César Colón Montijo y Carla Minet Santos. Más allá de hacer un recorrido por las diferentes organizaciones comunitarias, el documental se adentra en la madeja de por qué existen las comunidades tal cual existen: segregadas, estigmatizadas y siempre recordadas por los políticos sólo en época eleccionaria.

 

Visualmente, resulta una propuesta interesante. Si bien cuenta con la presencia constante de las tradicionales entrevistas de los documentales, reflejo de una exhaustiva investigación que los llevó desde Piñones hasta Cabo Rojo, este recurso se explota más allá de su capacidad para transmitir datos. La cámara pausa. Respira. Y se toma la libertad de mirar a la gente, de escucharla y de tratarla con el mismo respeto con el que se trata a los (no tan) honorables legisladores y funcionarios oficiales de este país. Otra cosa, si bien se adopta el tiro clásico de telenoticiaro (que presenta a las personas a medio cuerpo) detrás del entrevistado no se ve un fondo formal e impersonal sino el lugar de donde proviene. Un niño sueña con ser líder comunitario frente al caño Martín Peña. Una mujer se queja desde su residencial en Arecibo de que la definición del gobierno de mantener la comunidad “informada” es darle mamotretos en inglés (que igual para ella podrían ser en arameo, comenta). Y un hombre se niega a dejar Las Gladiolas, su residencial, mientras habla en un centro comunal.

 

 

Al usar este recurso estético las personas, literalmente, están enmarcadas en su contexto. Y esto quizás es una de las piezas claves de las producciones de Zona Franca. Se propone hacer un periodismo arraigado en la idea de que los eventos y las situaciones dignas de ser conocidas no surgen de la nada, sino que vienen arraigadas en un marco de circunstancias mayor que las definen. Por ejemplo, cuando se exploró el tema de la cárcel en su previo documental, El dia menos pensado, dirigido por Leandro Fabrici, la cárcel fue abordada como parte de una estructura social que vive a partir de la necesidad de controlar, necesidad que va desde la cámara en la esquina de la plaza hasta la identificación digital en el trabajo.  

 

Este énfasis en el contexto y las causas mayores que motivan un evento o situación cobra aún más importancia cuando se está hablando de las comunidades y la segregación, o más concretamente, el abandono social que viven día a día. Como explicara Mirta Morales, de la Escuela de Derecho de la UPR, la pobreza se tiende a ver como un problema individual, fruto de ciertas incapacidades particulares de ciertas personas lo que justifica para muchos el que exista: “eres pobres porque quieres” vendría a ser el argumento. Termina criminalizado el desprivilegiado económicamente (para pornerlo en versión “politically correct” porque ahora hasta la palabra nada más, “pobre”, molesta). Es por ello que el presidente de la Junta de Prensa Comunitaria, Samuel Rossario, nos recuerda: “el gran problema para el movimiento comunitario es la criminalización de la pobreza” el que se les vea como vagos y problemáticos, en fin, gente no productiva en un mundo que lo mide todo por niveles productividad. Mas no es cualquier productividad, porque mucho se hace y se produce en las comunidades, sino que esa productividad a lo que se refiere es a un muy específico capital, uno que muy pocas veces se ha atrevido a mirar más allá de su propio ventanal de cristal.





Cine nacional: ¿una solución para la economía?

22 10 2008

Hoy ha salido un artículo breve pero interesante sobre cómo el incentivar la industria cinematográfica es una manera de incentivar la economía local y sacarnos del hoyo, pero que curiosamente no ha sido muy explorada por las plataformas de los partidos. Dos argumentos del profesor Ramón Almodovar (tremendo apellido pa ser prof. de cine) me parecieron curiosos:

“El efecto de una producción cinematográfica en la economía local es casi inmediato. Desde el primer día de producción se empieza a contratar una gran variedad de personal. Ese dinero empieza a circular en el sector donde se filma, de forma muy diferente a las inversiones en proyectos a largo plazo cuyos resultados se verán años después y limitará la contratación a un grupo selecto de personal especializado”

Bueno, siempre y cuando no le hagan a los comerciantes del área como Clooney le ha hecho a los pobres bayamoneses que han tenido que cerrar sus tiendas por más días de lo esperado, esto parece un argumento muy válido. La industria de cine no sólo emplea a actores de renombre y técnicos especializados en cámara. Una filmación necesita también de maquillistas, estilistas, catering para la producción, servicios de mantenimiento, etc. Cierto es que han habido conflictos en filmaciones pasadas porque los contratos no se pagan pero ese tiene que ver más con una falta de política pública respecto a apoyar una industria emergente como el cine, que con que sea una industria que no pague intrinsicamente. Después de todo el cine se nutre de las mismas herramientas básicas de cualquier producción audiovisual, como La Comay y no me van a decir que eso no paga, ah?

“la plataforma del PPD, en cuanto a cine, muestra una falta de iniciativa, interés e imaginación para desarrollar una industria que puede aportar mucho a la economía de Puerto Rico. Esto contradice lo que ha hecho su propia administración. Han perdido la oportunidad de utilizar el trabajo realizado durante los pasados cuatro años”

Aquí la cosa se pone más tricky, la realidad es que cuando el gobierno comienza a realmente darle apoyo al desarrollo de una industria cinematográfica en Puerto Rico, tanto de producciones locales como de producciones extranjeras que filmen aquí, no fue bajo la administración de Aníbal Acevedo Vilá. Lo que tradicionalmente se define como el momento clave en que se empieza a incentivar el cine y posibilitarse su creación en el puerto rico contemporáneo es en el 2001 con la creación de la Corporacíón de Cine de Puerto Rico, es apartir de esa corporación que se crea un presupuesto para otorgarle hasta un millón de dólares por película a proyectos locales. El primer bebé de esta iniciativa fue Cayo, producida por Pedro Muñiz y dirigida por Vicente Juarbe.

Pero si algo tiene de cierto el comentario de nuestro Almodovar boricua es que sí, durante los cuatro años que Anibal ha estado en el poder es que se ha venido a materializar lo que ha sido llamado “el nuevo cine puertorriqueño”, consecuencia directa de la Corporación creada en el 2001. Así que habría que preguntarse porqué si durante su cuatrenio fue cuando por primera vez Puerto Rico tuvo más de un filme para elegir como candidato a pelicula extranjera en los Oscares no le dieron más publicidad. ¿Por qué no han hablado más sobre cómo en tres años han salido al cine (que las producciones para tv son otra historia) más producciones locales que en la década de los noventa junta (dominada casi exclusiivamente por Jacobo Morales)?. ¿Será que se van a rendir con el proyecto de crear una industria local? ¿Decidierón que es más fácil simplemente darnos al mejor postor para que vengan todos los Cloonys y Steven Soderbergs del mundo a seguir filmando a nuestra isla como remplazo del pais tercermundista del momento (curiosamente rara vez somos representados como países desarrollados o fuera de conflictos)? Habrá que ver.

Aquí les dejo el artículo de Almodovar en su totalidad.





La historia del vídeo que MTV nunca enseñó: “Running up that hill” de Kate Bush

19 10 2008

Como hoy me siento muy política les voy a prometer algo: esto no se trata de cómo MTV cada vez muestra menos vídeos y opta, en vez, por servir como presentación de evidencia en un juicio de “La estúpidez vs. El Futuro”.

De lo que sí se trata de los vídeitos que todavía quedan, de todas las Britneys del presente (que en verdad son las Janet Jackson del pasado). El baile en MTV parece estar por todas partes: por aquí un shake shake (your booty, of course), por allá un floating y voilá! directo a TRL. Mas lo curioso es que a pesar de tanta visibilidad del baile realmente no es el  centro, por el contrario, en la mayoría de los casos está en función del “performer”, o más bien, en función de la imagen publicitaria que se quiera construir, como ya lo dijera Guy Debord: es todo un espectáculo, la primacía de la imagen del evento va por encima del evento mismo. Y digo, no hay nada malo con el espectáculo en sí mismo – excepto cuando se pasa. Excepto cuando “la norma” se vuelve en norma para excluir y es ahí cuando nos encontramos con “Running up that hill”, canción (y vídeo) de Kate Bush.

Pero eh-eh, aguántalo ahí, toca ir al principio:  “Running up that hill” desde el inicio tuvo, como decirlo… ejem, problemitas. Y de identidad, que son de los peores.

Resulta que originalmente se llamaba “Deal with God”, pero ya tú sabes en este mundo tan divino hacer una canción con tal título es buscarse líos. “No te van a tocar la cancioncita esa ni en Estados Unidos, ni en Irlanda, ni en Australia, ni en Francia, y en Italia? uff olvida’ete d’eso nena”, estoy segura que le dijeron los productores a la Bush cuando en 1985 buscaba lanzar la canción como primer single de su cd Hounds of Love. Y bueno, los artistas también tiene que comer así que se hizo el cambio. Más la fiebre del espectáculo no pudo tanto y aún así “Running up that hill” se quedó así como medio rarito él (o ella?), medio queer el videito: en ningún momento aparece la artista cantando. Obvio, se escucha la canción pero nunca hay una cantante (su cara así bien grande y sexy) moviendo los labios para que tú, queridisimo espectador que no tienes tiempo de pensar mucho, sepas que esa es la que canta y la cara de ella es la que vas a buscar en el disco. Pero eso no significa que la artista no estubiera ahí, en el vídeo, estaba, y para más, aparece bailando.

It doesn’t hurt me.

Una mano corta lentamente un espacio entre tinieblas y de repente agarra un cuello, que al ritmo de la percusión, parece querer despescuezar: así comienza “running up that hill” y como su título sugiere sigue en un ascenso apasionado por resolver de una vez y por todas la imposibilidad de realmente entender a tu pareja.

Do you want to feel how it feels?

 Quizás, tal vez. Por eso los bailarines (la misma Bush y un hombre) se dejan caer sobre sí mismos en un abrazo contorcionado que deja ver sus fisuras (¿por?) y a pesar de la unión.

Y pum, cayó Humpty Dumpty…crackeamos el código. Contrario a la relación facilona de “estábamos solos y ahora nos unimos” de la canción pop tradicional (y que conste que la música de Bush puede ser entendida como media pop) en “Running up that hill” los roles no están tan claramente definidos, ambos se buscan, ambos se separan y el ataque a la pareja (sea en manos despescuezadoras o en brincos uno sobre el otro) son en cierto forma simplemente la manera que encuentran los personajes de acercarse uno al otro. Adiós se le dice al cuento de: mujeres bailando por su cuenta, hombres bailando por su cuenta y luego se unen, colorín colorado una casita en un suburbio y con una minivan me he comprado.

 Y ese fue el vídeo que MTV no quizo, en vez, pasó una versión en vivo facilmente decodificable: una cantante que canta (frente a cámara, recordemos que si no hay imagen en la tv no es real) y un público que la recibe pasivamente, en vez de tener que ponerse a pensar que podría querer decir ese baile raro que tienen ahí esos dos locos. Tal vez fue por la memoria reprimida del “Deal with God”. Tal vez, la causa fue que el baile no cumplía su función de accesorio para la imagen de la artista sino parte integral de la visión artística que se quería presentar. O quizás, había demasiada exploración de las dinámicas de sexualidad. Y es que se permite lo sexy, mientras sea puro toma y dame (y lo digo con toda la mala fé del mundo), pero tan pronto se complejiza el porqué eso se da, o peor aún, se aborde en un medio público cómo no necesariamente es equix sexo/genero el que hace tal o cual cosa, pues en esos casos el sexo está out.

La sexualidad está out, y precisamente por no querer salir del closet, por no haber disposición para enfrentar esas complejidades. Y esto ocurre aún más cuando se está complejizando a través del baile, una rama del arte que tradicionalmente ha sido vista como mero adorno, puro entretenimiento y espectáculo sin las cualidades enaltecidas de otras de las siete musas, como digamos, la pintura. Pero si abandonamos esta concepción macharrana del baile como puro accesorio o versión femenina o marginal de alguna otra cosa que sí es importante (como la imagen el artista en el síndrome MTV), quizás podamos disfrutar de un arte que, como las mujeres, no sólo se ve lindo: también habla.





Flamenco fusión ¿queda algo nuevo por hacer?

15 10 2008

La fusión en el flamenco está de moda. Desde que Bebo Valdés y Diego El Cigala arrasaran con “Lágrimas negras” de repente hay un espacio para meter algún rasgado de guitarra con ecos de Andalusía por cualquier lado. Desde el Jaleo pop de Ricky hasta la rebeldía de la Mala Rodríguez, pasando por lo bohemio chiq de Chambao, el flamenco como que va con to. Hasta con soul lo están mezclando, y sino pregunténle a Pitingo, que tiene un cover de “Killing me softly” en “flamenco”… si la canción de los fugees, esa, en flamenco y vaya, se quedó más cerca de la palabra “interesante” que de “bueno” pero pues, no todo sale bien en la experimentación.

Mas entre los que se han tirado la maroma de seguir experimentando en un género que ya ha sido mezclado con la salsa, el jazz, el soul, el hip hop y el rock (no olvidemos el “como me acuerdo” de robi draco) llega La Shica. Esta españolilla luego de diez años como bailaora en tablaos le dio un día con frenar un poco los tacones y someterle al cante, y válgame que ricura. Tien un flow que recuerda un poco a la Mala, pues la presencia del hip hop, los vídeos con una estética muy bien pensada y la imagen de la mujer fuerte, enardecida e irreverente está ahí. Pero La Shica tiene algo que a la Mala le falta: alegría, una cierta picardía simpática, no hay un flow de “yo soy de la calle y que rough soy”. Esa picardía de su personalidad se permea en la música y hace que no se esté quieta, un momento es flamenco hip hop y de repente se integra un jammeo medio jazzeao para que finalmente se una a la rumba en eco de música brasileira, y porqué no, pop también que a final de cuentas a todos secretamente nos gusta Miguel Bosé (¡Bándido!).

Todo esto hace que en vez de explotar una supuesta innovadora idea (oye por qué no mezclamos flamenco con ______llena el blanco_____?) se use toda la gama de posibilidades musicales. Esto hace también que La Shica (quien no es una bailarina que canta sino una bailarina y una cantante, ah?) no esté atada a una imagen particular (la que hace flamenco con ____) y que cuando merite simplemente hacer un bolero old school se lo tire y ya.  Aquí les dejo dos videítos de La Shica junto con el “killing me softly” de Pitingo al final, quien sabe y a ustedes sí los mata esa interpretación.





Curso de técnica en flamenco

12 10 2008

A todas las bailaoras en Puerto Rico (y las aspirantes a), a partir del lunes 13 y hasta el jueves 23, se ofrecerán unos cursos sobre técnica en flamenco por la bailaora Coral.

Tuve la oportunidad de tomar un curso con ella hace dos meses y fue genial. He tenido la oportunidad de tomar clases con varios maestr@s en y fuera de Puerto Rico y les digo que a pesar de ser muy joven las clases de Coral son de altura. La bailaora, no sólo tiene mucho arte, sino que cuenta con un carisma para enseñar que es realmente sorprendente. La capacidad de explicar las cosas, de contagiarte su energía y su pasión, el ojo para corregir detalles que pueden ser la diferencia entre un buen baile y una excelente presentación llena de arte: todo está ahí, incluso los consejos específicos para mejorar en vez de un mero “¡así no es!”. Lo digo, porque a veces los maestros son excelentes bailarines pero  carecen un poco de destrezas para enseñar – son maestros by default, mientras, Coral es toda una bailarina a la que también le sale natural el ser maestra, entonces las dinámicas en sus cursos son estupendas, llenas de energía y carisma, a la vez que se trabaja rigorosamente.

Las clases del taller básicamente se dividen en dos partes, una primera mitad de pura técnica (de brazeo, pies, vueltas, etc.) y una segunda mitad de coreografía para implementar lo aprendido. En el que yo fui se trabajó con dos palos: alegrías y bulerías, pero le pueden escribir  a arte.silvestre@gmail.com para más información. El taller consiste de seis clases: los lunes, martes y jueves del 13 – 23 de octubre, un curso intermedio de 6 – 7 de la noche y otro avanzado de 7 – 8. Se llevarán a cabo en los estudios Atempo en Guaynabo, más o menos a cinco minutos de San Patricio. Se puede coger todo el curso o pagar por clase. individual ($20).