La historia del vídeo que MTV nunca enseñó: “Running up that hill” de Kate Bush

19 10 2008

Como hoy me siento muy política les voy a prometer algo: esto no se trata de cómo MTV cada vez muestra menos vídeos y opta, en vez, por servir como presentación de evidencia en un juicio de “La estúpidez vs. El Futuro”.

De lo que sí se trata de los vídeitos que todavía quedan, de todas las Britneys del presente (que en verdad son las Janet Jackson del pasado). El baile en MTV parece estar por todas partes: por aquí un shake shake (your booty, of course), por allá un floating y voilá! directo a TRL. Mas lo curioso es que a pesar de tanta visibilidad del baile realmente no es el  centro, por el contrario, en la mayoría de los casos está en función del “performer”, o más bien, en función de la imagen publicitaria que se quiera construir, como ya lo dijera Guy Debord: es todo un espectáculo, la primacía de la imagen del evento va por encima del evento mismo. Y digo, no hay nada malo con el espectáculo en sí mismo – excepto cuando se pasa. Excepto cuando “la norma” se vuelve en norma para excluir y es ahí cuando nos encontramos con “Running up that hill”, canción (y vídeo) de Kate Bush.

Pero eh-eh, aguántalo ahí, toca ir al principio:  “Running up that hill” desde el inicio tuvo, como decirlo… ejem, problemitas. Y de identidad, que son de los peores.

Resulta que originalmente se llamaba “Deal with God”, pero ya tú sabes en este mundo tan divino hacer una canción con tal título es buscarse líos. “No te van a tocar la cancioncita esa ni en Estados Unidos, ni en Irlanda, ni en Australia, ni en Francia, y en Italia? uff olvida’ete d’eso nena”, estoy segura que le dijeron los productores a la Bush cuando en 1985 buscaba lanzar la canción como primer single de su cd Hounds of Love. Y bueno, los artistas también tiene que comer así que se hizo el cambio. Más la fiebre del espectáculo no pudo tanto y aún así “Running up that hill” se quedó así como medio rarito él (o ella?), medio queer el videito: en ningún momento aparece la artista cantando. Obvio, se escucha la canción pero nunca hay una cantante (su cara así bien grande y sexy) moviendo los labios para que tú, queridisimo espectador que no tienes tiempo de pensar mucho, sepas que esa es la que canta y la cara de ella es la que vas a buscar en el disco. Pero eso no significa que la artista no estubiera ahí, en el vídeo, estaba, y para más, aparece bailando.

It doesn’t hurt me.

Una mano corta lentamente un espacio entre tinieblas y de repente agarra un cuello, que al ritmo de la percusión, parece querer despescuezar: así comienza “running up that hill” y como su título sugiere sigue en un ascenso apasionado por resolver de una vez y por todas la imposibilidad de realmente entender a tu pareja.

Do you want to feel how it feels?

 Quizás, tal vez. Por eso los bailarines (la misma Bush y un hombre) se dejan caer sobre sí mismos en un abrazo contorcionado que deja ver sus fisuras (¿por?) y a pesar de la unión.

Y pum, cayó Humpty Dumpty…crackeamos el código. Contrario a la relación facilona de “estábamos solos y ahora nos unimos” de la canción pop tradicional (y que conste que la música de Bush puede ser entendida como media pop) en “Running up that hill” los roles no están tan claramente definidos, ambos se buscan, ambos se separan y el ataque a la pareja (sea en manos despescuezadoras o en brincos uno sobre el otro) son en cierto forma simplemente la manera que encuentran los personajes de acercarse uno al otro. Adiós se le dice al cuento de: mujeres bailando por su cuenta, hombres bailando por su cuenta y luego se unen, colorín colorado una casita en un suburbio y con una minivan me he comprado.

 Y ese fue el vídeo que MTV no quizo, en vez, pasó una versión en vivo facilmente decodificable: una cantante que canta (frente a cámara, recordemos que si no hay imagen en la tv no es real) y un público que la recibe pasivamente, en vez de tener que ponerse a pensar que podría querer decir ese baile raro que tienen ahí esos dos locos. Tal vez fue por la memoria reprimida del “Deal with God”. Tal vez, la causa fue que el baile no cumplía su función de accesorio para la imagen de la artista sino parte integral de la visión artística que se quería presentar. O quizás, había demasiada exploración de las dinámicas de sexualidad. Y es que se permite lo sexy, mientras sea puro toma y dame (y lo digo con toda la mala fé del mundo), pero tan pronto se complejiza el porqué eso se da, o peor aún, se aborde en un medio público cómo no necesariamente es equix sexo/genero el que hace tal o cual cosa, pues en esos casos el sexo está out.

La sexualidad está out, y precisamente por no querer salir del closet, por no haber disposición para enfrentar esas complejidades. Y esto ocurre aún más cuando se está complejizando a través del baile, una rama del arte que tradicionalmente ha sido vista como mero adorno, puro entretenimiento y espectáculo sin las cualidades enaltecidas de otras de las siete musas, como digamos, la pintura. Pero si abandonamos esta concepción macharrana del baile como puro accesorio o versión femenina o marginal de alguna otra cosa que sí es importante (como la imagen el artista en el síndrome MTV), quizás podamos disfrutar de un arte que, como las mujeres, no sólo se ve lindo: también habla.


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