“Slumdog Millionaire”: un “Ciudad de Dios” indio sobre los olvidados del mundo

31 12 2008

Jamal, un chico pobre, huérfano, nacido en uno de los “slums” de Mumbai va al programa (indio) Who Wants to be a Millionaire y ¡sorpresa! asierta una pregunta tras otra. Cualquiera diría que es otra de esas fantasías rosadas de Hollywood, esta vez con el ingrediente exótico de ser en la India en vez de un guetto de Los Angeles.

Pero “Slumdog Millionaire” , dirigida por Danny Boyle, sigue más la tradición Tercer Mundista de “Ciudad de Dios” de Fernando Meirelles que los Cinderella Stories del Primer Mundo cinematográfico por excelencia, Hollywood. Con un soundtrack espectacular somos perseguidos por la policía junto a Jamal y su hermano, Salim, por el guetto de Mumbai en una escena que replica el inicio de “Ciudad de Dios”.

De esta forma “Slumdog Millionaire” nos permite penetrar en un mundo olvidado, hasta cierto punto intocable, un mundo de pobreza extrema, pero donde a fin de cuentas los niños siguen siendo niños y hacen sus travesuras como cualquier otro. Según se desarrolla el filme se mezcla la inocencia de la niñez con un endurecimiento y cinismo de la adultez según van creciendo los niños y la vida les va demostrando que en efecto, sí importa el que hayan nacido en un “slum”. Mas, como en “Ciudad de Dios”, y en muchas otras películas que tratan el desarrollo de las personas que nacen en la pobreza extrema (desde los gangster movies hasta los westerns), hay dos figuas hermanadas (sean hermanos, primos o mejores amigos), uno escoge el bien y otro el “mal”.

Mas lo que resalta del filme es que logra retratar la vida de Jamal desde su infancia hasta su llegada al programa de televisión manteniendo un espíritu de genuinidad: los actores son indios, se trabajan problemas claves en la india como las tensiones religiosas entre el Islam y el Hinduismo, y su rol en el mundo global-¿quién no ha hablado con algún indio al hacer una llamada de “servicio al cliente” para arreglar su máquina?… Incluso se le rinde un pequeño homenaje al cine indio, Bollywood y a las idiosincracias culturales de ese país. No hay ni un sólo beso en la boca durante toda la película, el “beso” entre la pareja romántica (pues por su puesto hay una trágica pareja romántica, el dramatismo es muy popular en el cine indio) es un beso al que se le hace un “freeze” antes de ser completado, los labios nunca se tocan, respetando así lo que hasta hace poco fuera una ley en el cine indio donde la gente no podía aparecer en escena besándose. Además hay hasta una irrupción de los bailes a gran escala al estilo de los músicales de Bollyood.

Y así como “Ciudad de Dios” nos permitió ver otra cara de Río de Janeiro, y de Brasil, una cara tanto oscura como bella a la vez, “Slumdog Millionaire” nos presenta otro lado del Mumbai. Precisamente el Mumbai donde recientemente ocurriera un atroz ataque terrorista aparentemente por un grupo extremista islámico.

Y aunque los creadores de este filme no podían haber sabido que eso iba a pasar, igual que probablemente no se olían el desastre económico en los Estados Unidos, el que salga esta película ahora es un timing esquisito. India, con su desarrollo rampante y posible posicionamiento como una de las economías más fructiferas del mundo, sobretodo ahora que la “caída” de los Estados Unidos deja más espacio a otros países, tiene que enfrentar la increible desigualdad que se vive en su país – esos millones de personas que quedan desplazados en el impulso hacia la “modernización” y “globalización” que han hecho de Mumbai, entre otras ciudades indias los centros de las nuevas tecnologías de la información (IT).

Aún más, ante la crisis económica que se proyecta impactará mucho más allá de los Estados Unidos el mundo en su totalidad tiene que llevar a cabo esa reflexión. ¿Dónde quedan los desplazados de la globalización? Nuestro protagonista en “Slumdog Millionaire” tiene un show que lo salva, pero acaso ¿hay algún show o remedio mediático que nos salve de la burbuja económica reventada? Y una vez salgamos del hoyo, ¿cómo podemos redefinir las relaciones económicas e internacionales para ser un mundo aunque sea un poquitín más justo? Un lugar donde no tengamos que seguir extremesiéndonos ante la realidad de películas sobre los olvidados del mundo.

Algunos enlaces sobre los slums en India:

1.Sobre los “slums” en India y los problemas de planificación que se enfrenta:

        “Poverty and slums in India : impact of changing economic landscape” – por el South Asia Analysis Group

2. Sobre Dharavi, uno de los “slums” más grandes de Asia, pero conocido en particular por quedar en el mismo centro de Mumbai, una de las ciudades indias más “modernas” y la cual se proyecta como el Shangai indio.

     “Dharavi, India largest’s slum eyed by Mumbai developers” – LA Times informa sobre los nuevos planes de “rehabitilizar” y “redesarrollar” Dharavi, planes a los que se han opuesto fuertemente los residentes de este slum

    “Mumbai slum solution?” – la misma polémica esta vez cubierto por la BBC

3. “The Paradox of Bombay” es una serie de reportajes en profundidad que hizo Spiegel Online International sobre Mombay (antes Bombay), incluye los siguientes tres artículos que están excelentes

       Part I: Slums, Stocks, Stars and the New India

       Part II: Manchester of the East

       Part III: From the Slums to the City Center





Obama y las posibilidades para la cultura

27 12 2008

Nominar un secretario de la Cultura y hacer que los puestos de directivos de instituciones culturales sean de 10 años en vez de cuatro para evitar tanta politiquería en los cargos, son algunas de las opciones que William R. Ferris le sugiere a Barack Obama para que como Roosevelt y Johnson deje una huella en la cultura aún en momentos de crisis. Ojalá y si se aprovecha la reforma económica como coyuntura para una reforma cultural en los Estados Unidos sea algo que cruze el charco y llegue hasta acá.

Put Culture in the cabinet

Franklin D. Roosevelt

Franklin D. Roosevelt

IN 1935, as part of the New Deal, President Franklin Roosevelt created the Farm Security Administration, which reached out to rural families as they struggled during the Depression. Roy Stryker, who oversaw the agency’s photo documentary program, captured the strength of American culture in the depths of the country’s despair. The photographs of Walker Evans, Dorothea Lange and Gordon Parks showed us both the pain of America and the resilience of its people.

In 1965, President Lyndon Johnson drew on his Texas roots when he created the National Endowment for the Arts and the National Endowment for the Humanities, organizations that share America’s arts and humanities with the American people.

Both Roosevelt and Johnson demonstrated their forceful commitment to the preservation and celebration of American culture — and they did so in challenging times.

So what will President-elect Barack Obama do? Well, here’s a suggestion.

Over the years, America has developed an impressive array of federal cultural programs — in addition to the obama2endowments for the arts and the humanities. These include the Corporation for Public Broadcasting, the Institute of Museum and Library Services, the Library of Congress, the National Archives, NPR, PBS and the Smithsonian Institution.

Each of these organizations has helped preserve our nation’s rich folklore — its music, stories and traditional arts — as a uniquely powerful voice for our culture.

 

But as chairman of the National Endowment for the Humanities from 1997 to 2001, I learned firsthand that these institutions, though united by a shared goal, can sometimes run into conflict with one another. There were bureaucratic tangles, overlaps and missteps that, with foresight, could have been avoided.

Which is why I believe the president should create a cabinet-level position — a secretary of culture — to provide more cohesive leadership for these impressive programs and to assure that they receive the recognition and financing they deserve.

The president should initiate another change, too. The leaders of our cultural institutions should all have renewable 10-year appointments. (Some now serve only four-year terms.) Such a change would help to provide continuity and insulate the organizations from the tumult of political change. This move would allow each agency to develop long-term agendas in coordination with the secretary of culture in each administration.

Mr. Obama has an opportunity to revitalize our national spirit by strengthening our cultural programs at every level. It’s hard to imagine what could be a more important — and enduring — legacy.

William R. Ferris is the senior associate director of the Center for the Study of the American South at the University of North Carolina at Chapel Hill.

 

*para ver el articulo en su formato original según publicado en el New York Times. Clickea aquí.





Para el 2009: Documental sobre luchas comunitarias

24 12 2008

Me acabo de enterar por Calahondo que el documental “Del cielo a la tierra”, reseñado en este espacio previamente (clickea aquí para ver) estará disponible el mes que viene. Será distribuido por Zona Franca. Según nos cuenta Luis F. Coss, “este trabajo de una hora de duración se hizo bajo la dirección de César Colón Montijo, y la investigación estuvo a cargo del propio Colón Montijo y Carla Minet, Directora Ejecutiva de Prensa Comunitaria”. La reseña que acompaña el DVD lee como sigue:

“Del Cielo a la Tierra examina el desarrollo reciente del movimiento comunitario en Puerto Rico y sus perspectivas futuras como una alternativa de cambio social. El documental contextualiza el trabajo de varias organizaciones comunitarias con una mirada crítica a problemas como la invisibilización de las comunidades, la criminalización de la pobreza, los problemas internos del movimiento y sus confrontaciones con el poder político.

“La pieza documenta luchas pasadas como Villa Sin Miedo, y proyectos nuevos como PRENSA COMUNITARIA, al mismo tiempo que se revela como un llamado esperanzador al trabajo colectivo y la solidaridad en un siglo 21 que promete grandes desafíos”.





Las películas del año con (oh no!) optimismo

22 12 2008

Una lista de película que de seguro no llegarán nunca al cine en Puerto Rico (al menos la mayoría), but here’s hoping que Fine Arts Café nos salve… al menos después de que se ganen dos o tres oscares algunas de ellas. Y de paso una mirada a la industria del cine en la tan actual y totipotente crisis económica. Manohla Dargis escribe para el NYTimes:

happy

YOU can’t make everyone happy,” a woman says in “Happy-Go-Lucky,” Mike Leigh’s film about an irrepressible young teacher named Poppy, played with infectious good will and gurgling laughter by Sally Hawkins. “There’s no harm in trying, is there?” Poppy replies, with a smile as bright and warming as the sun. It is hard to argue with the sun when it beats down on you as relentlessly as Poppy.

And so, dear (and hostile) reader, it is in the admittedly alien spirit of optimism that I offer you my 10 favorite films, and some thoughts about the year in film. Optimism, I should add, perhaps needlessly, does not come naturally to me. Hope is for suckers (or so I believed!) and those who think Carrie really will find her happily-ever-after by marrying Mr. Big. I tend to embrace my inner Caden Cotard, the theater director played by Philip Seymour Hoffman in Charlie Kaufman’s “Synecdoche, New York,” a grievously underloved film about life and death and every agonized and beautiful thing in between, including art and the scratch-scratch of those who are trying to leave their marks on the world.

Like Caden, I generally don’t see the proverbial glass half empty; I tend to see it drained to the last sinedoquedrop, chewed up and swallowed, jagged shard by shard. For a lot of people both in the movie world and in journalism, this has been the year of eating glass, which is even worse when you know those who have lost their jobs. Not long ago I went to a press screening expecting to be greeted by the publicist handling the film. She never showed because she had been told to stick around the office to wait for the official confirmation that her company had gone belly up. That news, by the way, was delivered by e-mail.

The next day she and I exchanged goodbye e-mail messages, and she thanked me for a review of another movie that she had been representing. “I just wish,” she added, “a good review meant something these days.” I understand what she means, but she was talking as a publicist, as someone for whom the value of a review comes down to whether it can help sell a movie in a fearsomely overcrowded market. But selling movies isn’t the job of the reviewer, which is something I wish some of my colleagues would remember whenever they start moaning about how critics don’t have power anymore. As if making (or breaking) movies were part of the gig. It isn’t, and never should have been.

flightThat doesn’t mean critics don’t advocate and try to nudge (or push) you into theaters. And I do wish more of you had checked out the likes of “Alexandra,” a spooky, ethereally beautiful meditation on war and national identity from the Russian filmmaker Alexander Sokurov, which ushers you into an extraordinary, vivid world unlike any that materialized at the local multiplex. Or “Flight of the Red Balloon,” a tenderly expressive film about childhood and its end from the Taiwanese director Hou Hsiao-hsien, an artist whose camera soars even as his worldview remains grounded in real life. Or “Silent Light,” a rapturous love story set in a northern Mexican Mennonite community from Carlos Reygadas. Or “Paranoid Park,” the one great film from Gus Van Sant to come out this year.

Mr. Van Sant’s other film, of course, is “Milk,” a touching if aesthetically unremarkable biography of Harvey Milk, the assassinated gay rights pioneer. I like “Milk,” which has a strong, showy, often moving performance from Sean Penn as Milk and one gorgeously directed and choreographed sequence — shot by the great cinematographer Harris Savides — in which Josh Brolin, oiled in flop sweat and hair grease as Milk’s killer, Dan White, walks alone through a series of grim institutional corridors that put the killer’s existential isolation and desperate journey into bold visual terms. “Milk” is undeniably moving, but it earns most of its power from its historical resonance and because it holds up a mirror to another charismatic community organizer who rose from the streets on a message of hope.

I wish “Milk” well, because I want Mr. Van Sant, usually one of the most aesthetically venturesome American darkknight1directors working today, to keep making movies. I’m also rooting for “Milk,” which was made by Focus Features, a specialty division of Universal Studios, because it represents the kind of serious, midsize production that seems most in peril these days. The big studios like being in the big movie business, but it’s rare that art enters the equation as forcefully as it does in “The Dark Knight,” the Christopher Nolan film that earned critical love on its release but is now being shunned by critics’ groups that seem to think complexity, self-conscious contradictions and beauty are exclusive to the art house.

“The Dark Knight” was one of the few good things to come out of Warner Brothers this year. In the spring the studio shut down two of its specialty divisions, Warner Independent Pictures and Picturehouse, and gutted another of its companies, New Line Cinema. This is bad news for those who lost their jobs and for mainstream American movies of a certain size and provenance. Warner Independent and Picturehouse released some unfortunate titles, but sometimes they were also responsible for the only decent movies to come off the Warner lot, including George Clooney’s intelligent gloss on the showdown between Edward R. Murrow and Joseph McCarthy, “Good Night, and Good Luck”; Guillermo del Toro’s eerie wartime fairy tale, “Pan’s Labyrinth”; and Fernando Eimbcke’s low-key, low-budget charmer “Duck Season.”

I’m keeping my fingers crossed that more specialty divisions keep afloat. Without them it’s hard to see how a modern masterwork like Paul Thomas Anderson’s “There Will Be Blood,” which was released last year by Paramount Vantage — whose ranks were radically thinned this year — will be made. Over the past few decades the studios siphoned talent from the independent sector, including filmmakers like Mr. Anderson and Mr. Nolan, and went into the art-house business. I have deeply ambivalent feelings about how this incursion affected the independent world (it turned the Sundance Film Festival into a frenzied meat market, among other unfortunate developments), but there’s no question that American mainstream movies have been better for it.

The tough times have been even tougher on nonstudio companies, including the British outfit Tartan Films, which shut down entirely, and ThinkFilm, which teetered on the edge this year and saw the departure of one of its founders, Mark Urman, who headed to a new venture. Despite its woes, ThinkFilm released some solid films this year, including another of my favorites, “Encounters at the End of the World,” in which Werner Herzog goes deep and way down south to the Antarctic only to surface with an elegiac meditation on life and death among creatures great and microscopic. Mr. Herzog dedicated this digitally shot wonderment to his longtime friend, the critic Roger Ebert, who, despite losing his voice to illness, has continued to express his movie love with admirable vigor.

still-lifeThere are glimmers. While independent distributors have taken plenty of hits, veteran outfits like New Yorker Films, which released another of my favorites, Jia Zhang-ke’s “Still Life,” and newcomers like Oscilloscope Pictures, which put out my last (though not least) favorite of the year, Kelly Reichardt’s “Wendy and Lucy,” are keeping the faith. When I was in college, I once helped program an entire semester’s worth of attractions just by cherry-picking titles from the New Yorker Films back catalog. The company’s longevity seems something of a miracle, as does the consistent quality of its releases. If nothing else, companies like these offer stubborn proof that there remains a serious audience for the kinds of serious movies that Ms. Reichardt, Mr. Herzog and others keep making against often daunting odds.

At the risk of sounding stoned on hope, I offer the following heresy: The movies are fine. Sometimes they’re great; occasionally they’re magnificent. The movie and news businesses are hurting, true, but any year that brings films like “Still Life” into American theaters — along with “Momma’s Man,” “Reprise,” “Ballast,” “The Class,” “Boarding Gate,” “A Christmas Tale,” “The Duchess of Langeais,” “Gran Torino,” “Harvard Beats Yale 29-29,” “My Winnipeg,” “The Last Mistress,” “The Order of Myths,” “Trouble the Water,” “Frownland,” “Patti Smith: Dream of Life,” “Mad Detective,” “Vicky Cristina Barcelona,” “Che” and “Wall-E,” or rather its first superb 15 minutes (which bear remarkable resemblance to the first 15 minutes of “There Will Be Blood,” though that’s another story) — cannot be deemed a washout.

There is, of course, perverse pleasure in ending the year with an angry rant, as I have proven in the past, if only to myself. But given the clanging of so much bad news, I thought I would try a change of pace. I’m not sure if optimism becomes me, but it sure feels nice. Every year filmmakers from around the world offer us stories filled with grief and tragedy that either feed our souls or rip out another little piece. I tend to fall for movies like these, but I also swoon for those filled with grace and generous sentiments, like “Happy-Go-Lucky,” that suggest that one way to face hard times (and raging driving instructors) is with an open heart and smile. Quickly now: give it a try!





La historia: ¿el sexto género literario?

14 12 2008

Dudo que fuera pura casualidad. Hoy Luis López Nieves publicó una de sus cartas bizantinas, llamada “El sexto gñenero literario“, en la que a través de “Constantino” argumenta la historia como un sexto género literario. Dice:

Por eso pienso, querida Eudocia, que la historia realmente no existe. Lo que existe es la literatura. Dentro de la literatura, como ya sabes, hay cinco géneros clásicos: poesía, drama, ensayo, cuento y novela. Añado que también se debe incluir la historia como un sexto género literario.

(…)

Ha llegado el momento de llamar a la historia por su verdadero nombre. Y no hay que avergonzarse. No está mal que la historia sea un género literario porque cada país tiene derecho a construir su propia imagen.

Curioso que saliera justo esta semana en que se estrena “Seva Vive“. Me parece que nos ofrece un vistaso a porqué escribió el cuento de “Seva” y cuál es la relevancia que le ve tanto al cuento como la película, que se toma la molestia de explorar precisamente ese rol que juega la historia.

Por mi parte no me apresuro tanto como a catalogar la historia como literatura (independientemente de que reconozca el factor construido de tales narrativas), pero concuerdo con la idea de que la historia es uno de esos medios importantísimos a través de los cuales se construye la imagen de un país. Es más, precisamente porque contribuye tanto a la construcción de la imagen de un país es que me parece aún más importante reconocer la historia como más del lado de las ciencias que de la literatura.

Querámoslo o no las ciencias tienen más respeto a la hora de proveer justificaciones y explicaciones sobre la realidad (pasada, presente o futura) y por algo es, independientemente de que a veces fallen, tienen un sistema estructurado  y consistente de buscar el conocimiento. Un sistema corrobarable que es constantemente revisado por otros pares del campo. La literatura no lo tiene (ni lo debería tener, sería aburridísimo) ni necesariamente tiene que comprometerse con buscar la verdad o mostrarla, pero es lo que las separa y le da un lugar especial a la historia fuera de la literatura.

Quizás lo que corresponde más bien es replantearnos la historia como una ciencia sí, pero como un constructo también, resultado de humanos que no pueden más que impregnarle su visión de mundo aún cuando no lo quieran, pero el intento por no hacerlo, el intentento por contarlo tal cual es, eso es lo que vale. Ejemplo, la gente se pasa hablando de como el periodismo es una mierda, aburrido, siempre cuentan lo mismo y de la misma forma, pero si uno trata de buscar algún recurso literario (que no un fin literario) rápido te brincan encima a reclamarte “objetividad”. A los historiadores les pasa lo mismo tienen que pelearse entre cómo armar una historia para que pueda ser, como mínimo, leible y cómo mantenerse fieles a los datos corroborables para tratar de proveer una explicación a los hechos pasados. Aunque yo diría que al lado de los periodistas la tienen tremenda porque al menos no tienen que bregar con tratar de producir “La Verdad” de un día para otro por presiones de tiempo, ni bregar con las presiones de los “grandes medios” que son precisamente tus jefes… pero ya eso es otra historia.





Reseña de “Seva Vive”: La historia y sus absurdos

12 12 2008

Cómica.

No es exactamente el adjetivo que se espera de una película, y menos si la misma trata sobre el cuento de Luis López Nieves, ‘Seva’, y las controversias que desató su visión alterna de la invasión estadounidenses a Puerto Rico en 1898; pero ciertamente es uno de los adjetivos que viene a la mente. Interesante, innovadora, ingeniosa…le siguen sin quedarse muy atrás.

‘Seva Vive’ es, como dice su director, el puertorriqueño Francisco Serrano, “una película al estilo documental”. ¿Qué quiere decir eso? Que la película adopta elementos tanto del cine de ficción como del de no ficción.

sevavive2Por un lado, está la historia del muchacho (el propio director, asumimos) que tras el cierre de la base naval Roosevelt Roads va a filmar las excavaciones de limpieza y descubre algo que lo incita a contactar a Luis López Nieves y reinvestigar el cuento de ‘Seva’ como una posible verdad histórica.

Por el otro lado, están las participaciones de seis intelectuales que reflexionan en torno a ‘Seva’, lo que es realmente la historia y la complejidad de estudiarla en un país como Puerto Rico, donde la política -quizás mucho más que en otros lugares- resulta inseparable de esa búsqueda de la verdad sobre el pasado, que presupone el quehacer histórico.

El conflicto entre si es un documental o no, radica en que nunca nos queda claro si la narración del director que

encontró algo en Roosevelt Road se apega en efecto, a la “historia como materia” o la “historia-cuento”. Además, las entrevistas a los expertos son editadas y montadas de tal forma que dejan de ser expertos opinando sobre un tema y se vuelven personajes.

En ese sentido el filme no puede (o no quiere) evitar una narrativa del bueno versus el malo, o más bien de contrincantes -específicamente entre Fernando Picó y Juan Manuel García Passalacqua-, quedando Carlos Pabón, Gervasio García, José Manuel García Leduc y Estelle Irizarri como personajes secundarios que a veces parecen apoyar las visiones de uno y a veces las visiones del otro.

Así pues, Serrano es fiel a su promesa de que la película no tiene afiliaciones a un partido o ideología política y que cada quien la leerá según la suya propia, y ese es quizá el mayor logro de la película, debido al entorno social, político e histórico que la rodea y al mismo tiempo le da vida.

Incluso Serrano había afirmado al respecto que “el PNP pensará que el director es PNP, el independentista, que el director es independentista, y así por el estilo”. Evidencia de ello fueron las risas en la sala, una mitad de la sala parecía reír cuando la otra no lo hacia.

Cinematográficamente la película es exquisita, fotos antiguas cobran vida por medio de las tecnseva2520libro1ologías digitales y podemos navegar entre los jíbaros de hace un siglo como si la foto se tratara de un holograma tridimensional en vez de una superficie plana.

De la misma forma, el trabajo de la banda sonora es genial y señala un espacio poco explorado en el cine local, donde con frecuencia la música se limita a salsa para las escenas de fiesta y alguna música bohemia en la escena de playa que nunca falta. En ‘Seva Vive’ la música deja de ser accesorio decorativo, escenografía, y se vuelve intrínseco para indicarnos el tono y ambiente de lo que está pasando. No sorprende entonces que haya sido compuesta especialmente para la película.

Eso sí, a momentos la película puede resultar un poco larga, porque las probabilidades son que no todo el mundo encuentra fascinante el dilucidar si se debe ver la historia desde una perspectiva modernista (la historia como La Verdad) o posmodernista (la historia como construcción).

Mas en la inmensa mayoría de los casos, la historia de Puerto Rico se nos devela interesante, provocadora de discusiones (que no es nada malo, solo la forma más profundizada del diálogo), e incluso, hasta graciosa.

Aunque pueda resultar medio dislocante el ver a figuras tan reconocidas como Picó, Pabón o García Passalacqua en el contexto que se les pone (como personajes muchas veces hasta peleándose entre sí), también resulta interesante descubrir, así de sopetón, que los historiadores tienen sentido del humor y que el pasado de Puerto Rico, como su presente, está lleno de instancias y narraciones contradictorias; tan insólitas pero tan creíbles como la más reciente alarma sobre la pantera de Caimito.

A fin de cuentas, el que se embarque en la misión de tratar de descubrir la verdad de vidas pasadas, cuando constantemente la vida “te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, no puede más que estar consciente de los imponderables y absurdos hallados en la bendita historia.

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publicado originalmente en Diálogo Digital, clickea aquí para verlo junto con las fotos y el vídeo originales





El cascanueces: Ballet Concierto revisita el clásico

9 12 2008

Llega la navidad y con ella el repertorio clásico de actividades culturales: La Feria, los bailables de año nuevo, las parrandas, la música jíbara que hasta se sorprende a sí misma de estar sonando en lugares tan extraños como Borders…. y llega también El Cascanueces.

De plano digo que soy una fan total de este ballet, en gran medida por la música de Pyotr Ilyich Tchaikovsky qtchaikovskiue aún sin bailarinas mostrándote una historia logra hacer volar la imaginación de cualquiera. Pero tampoco me deja de sorprender lo bien que va la música con la historia de Clara, una joven a quien en una navidad le regalan un cascanueces que resulta ser en realidad un príncipe que la lleva a descubrir todo un mundo de fantasía lleno de peligros, misterios y belleza. A poco es como la versión en ballet de “Alicia en el país de las maravillas”, lo único que en vez de conejos y gatos tenemos cascanueces y ratones.

La historia, una adaptación hecha por Alejandro Dumas de la historia “El Cascanueces y el rey Ratón”  del escritor alemán romántico E.T.A. Hoffman, fue contada por vez número 28 por el Ballet Concierto de Puerto Rico el pasado fin de semana. Si bien al lado de los más de cien años que se lleva interpretando el ballet, los 28 de Ballet Concierto parecen poco, la realidad es que no lo es: lograr recapturar y retener la magia de una producción que precisamente por ser un clásico uno no puede alterar demasiado es un reto para cualquier director y me place increíblemente decir que Ballet Concierto lo logró este año.

La técnica fue muy buena, para nada se sintió como un recital a pesar de que ser un ratoncito en El Cascanueces es a poco uno de los “rites of passage” de cualquier niña que haya cogido ballet en nutcrackerPuerto Rico. La escenografía también estubo de lujo, contando incluso con cierta pirotecnia que sorprendió al público y que si bien un poco inesperada para un ballet resultó muy adecuada en una presentación que es a fin de cuentas una actividad familiar y a la que asisten muchos niños.

Eso sí, a pesar de que la técnica fue impecable en la mayoría, tengo que decir que el artista invitado Miroslav Pejic dejo mucho que desear. El hombre por poco deja caer a su compañera, y no fue una sino varias veces las que le tembló el agarre en los “lifts” o levantamientos, no se puede permitir tal cosa en un dueto, mata la pieza y ni hablemos de las posibles consecuencias para la pobre mujer que se toma ese riesgo. Además, si bien se entiende que la coreografía estaba hecha para que se luciera la mujer y no él, Pejic pudo haber bailado con un poco más de entusiasmo, su interpretación fue floja.

Mas no quisiera cerrar este artículo en esa nota porque la mayoría de las interpretaciones fueron de mucha altura, en  particular las de Maru Toro ý Tania Velez. Toro, hizo de la Colombina, una de las muñecas que el mago presenta antes de regalarle a Clara el Cascanueces y la precisión con la que interpretó los movimientos entrecortados de una muñeca fue hermosa, también me gustó mucho su picardía a la hora de interpretar la Danza China. La verdadera técnica es poder hacer todos los pasos correctamente pero saber interpretarlos también, darles personalidad, y si hay algo que Toro tiene en escena es personalidad, me encantó. Y por supuesto, quien interpretara uno de los personajes principales, la Hada Grajea, no se podía quedar atrás, Tania Vélez logró estar a la altura de esa esquisita canción de Tchaikovski cuya melodía todos conocemos (aunque sea tan sólo por la película Fantasia), “The dance of the sugar plum fairy”.

La producción de Ballet Concierto no tenía ningún elemento particularmente diferente o nuevo, pero tampoco lo pretendía, después de todo se trata de El Cascanueces y como dicen los gringos, “if something is not broken, why fix it?” (si algo no está roto, ¿por qué arreglarlo?). En definitiva, una excelente apertura para la temporada festiva. ¡Feliz navidad!

Arriba la versión de El Cascanueces de Disney, en la película Fantasia. Inicia con “dance of the sugar plum fairy”