IT’S ALIVE!!! ComUnArte regresa

22 04 2012

Bueno amigos (y trolles del ciberespacio), luego de dos años en estado comatoso ComUnArte volverá a la vida. En las próximas semanas le estaré dando un muy necesitado makeover (los invito a la paciencia y la generosidad mientras tanto) a esta páginita que comenzara hace ya más de 5 años con los sueños de dos jóvenes amantes del ambiente cultural en Puerto Rico, Viviana Rivera Rendón y esta servidora, Diana Soto De Jesús.

En su comeback ComUnArte estará enfilando los focos  hacia ese campo tan necesitado de cobertura y documentación en Puerto Rico, la danza y las artes del movimiento. Esperen:

  • reseñas/críticas/comentarios
  • anuncios de talleres
  • comentarios sobre el quehacer (y deshacer) de la danza y el movimiento en Puerto Rico y en general
  • y una que otra sorpresa

¡Hasta pronto pues!





De la sed y construcción (o no) de una sociedad: estrenos en el décimo aniversario de Andanza

4 11 2008

El teatro no estaba lleno, después de todo se trataba de una produccion de baile local y aunque podemos pagar $80 para ver a Pilobolus, $25 para Andanza es imposible. Pero bueno, déjame quitarme el cinismo de encima porque luego de ver “Andanza, una década de creación” en el Centro de Bellas Artes se me ha pegado un mood de esperanza en el quehacer artístico que no hay quien me lo tumbe. Primero que nada está el hecho: 10 años de existencia de una compañía de danza contemporánea que consistentemente presenta shows nuevos y que funciona a tiempo completo. Segundo está el espectáculo per se, en el cual curiosamente no se hizo un recorrido por las “mejores” o las “más características” piezas de la susodicha compañía sino que, de cuatro piezas, tres fueron estrenos, como quien no se va a quedar estancado en la nostalgia y vislumbra seguir explorando. 

Andanza siempre se ha destacado por tener muy buena técnica y una estética hecha para ser placentera, diferente en algunos aspectos pero siempre bonita. O sea un estilo lo suficientemente contemporáneo como para distinguirse de los esfuerzos “modernos” (yo diría más bien, pop) de compañías tradicionales como Ballet Concierto o Ballet de San Juan, y a la vez lo suficientemente reservados como para no tirarse las maromas “extrañas” de coreógrafas más experimentales como Petra Bravo o Viveca Vázquez. En ese sentido, el espectáculo siguió el canon de Andanza a la vez que presentó una serie de estrenos líricos en sus texturas pero políticos en las posibles lecturas que se les puede hacer considerando el cargado ambiente actual.

“Sed”, de Rodney Rivera, abrió el show representando una lucha impregnada de humanidad que bien podría ser profética. En la actualidad todo el mundo hablará del petróleo, de como sube o baja su precio, de las guerras que por él se han creado y de, bendito dios, que nos haríamos sin él – pero es el agua lo que se vislumbra como el próximo gran recurso por el que hay que velar. Y la sed, obviamente tiene connotaciones más que meramente físicas o literales, después de todo hay sed de muchas cosas en esta vida y la pieza aprovecha esta pluralidad semántica.

La pieza abre con bailarines que cargan cada uno candunguitos/vasitos evidemente vacíos y sin la codiciada agua que  goteaba golozamenete azul por la gran pantalla que cubría el escenario… y hasta la tarima. Poco a poco a partir de esa necesidad individual, biológica, que tenemos los humanos de beber se empiezan a formar relaciones: parejas que se disputan un vaso, parejas que se comparten el líquido preciado, y claro está, parejas más parejas hacen grupos. Pero como todos sabemos, una sociedad, por mas grupal que sea por definición su existencia, siempre tiene sus fracturas – los grupos, después de todo, están compuestos por individuos. Entonces, a través de las entradas y salidas de los bailarines se crea un ritmo increíble que nos deja ver los vaivenes de la vida – la nostalgia, el frenesí, la excitación.

Si bien el desarrollo del concepto no es increíblemente original (gente tiene sed, no sólo física sino también emocional,  y lo vamos a mostrar con contrastes entre azul de agua y tierra desierto) la manera que se trabajó fue tan genuina y la ejecución de los bailarines demostró tanta disciplina técnica y pasión artística a la vez que uno no podía más que conmoverse. Además para su mérito hay que mencionar que hubo parejas compuestas por mujeres solamente, y no en función de coro o mucho menos, sino que eran tan pareja como las tradicionales parejas de hombre y mujeres. Lo menciono porque si algo he notado de Andanza es que a pesar de que han roto muchas barreras en el baile local tienden a tener una rígida formación del trabajo en pareja como exclusivo entre hombre y mujer, con el hombre siempre cargando a la mujer. Fue chévere ver aunque sea una insinuación de un intento por empezar a trabajar otras configuraciones.

Por otra parte, como era de esperar, los otros trabajos fueron coreografeados por Lolita Villanúa y Carlos Iván Santos. Villanúa dirigió “Hora Pico” y ya podrán imaginar: tenía que ver con el estrés de la ciudad y como eso afecta las relaciones humanas, más una vez más aunque el concepto era adivinable la manera dinámica en que se trabajó incluyendo un uso del espacio casi estrictamente diagonal a partir de un fugaz rayo de luz que fue interesantísimo. Por no hablar de la música en vivo, una composición basada en la percusión que volvió la sabrosa clave salsera en un marcador estresante del tiempo en vez del signo lúdico de ocio, baile y botella con el que usualmente lo asociamos.

Santos presentó dos piezas. La primera fue “Recovecos” el único no estreno de la noche y la cual contaba con un vestuario de aeromozas futurísticas estilo del vídeo “Toxic” de Britney Spears… Me gustaría pensar que era un comentario sobre lo demasiado pop y prostituido en nuestra cultura, pero no quedo completamente definido. Curiosamente fue Santos también el que coreografeó lo que probablemente fue la pieza cúspide de la noche: “Viñetas”. En este trabajo Andanza aprovechó su capacidad para jugar con objetos y en esta ocasión se inspiraron en los cubos. Un cubo, a poco la unidad básica de cualquier cajita de legos porque con ella hacemos los edificios más altos, esos que después venía nuestro hermano mayor y destruía con despecho a fuerza de un manoplazo – así como el Big Brother de nuestra sociedad. Con los cubos se hacían edificios que los bailarines trepaban de maneras inesperadas, casi volando, escalando, resbalando: desde lo animal hasta lo etéreo todo estaba allí. Mas los cubos también se podían desmontar con los cuerpos casi como si estuvieran jugando un Jenga gigante.

Había un cubo por cada uno de los nueves bailarines y así cada cual decidía si en ese momento aportaba a la gran construcción del momento o si se apartaba del gran “edificio social”. Mas en medio de tanta euforia de construir y como construir resaltaba algo: la soledad de una iniciativa individual. La pieza empezó con una mujer sola bailando, literalmente en el spotlight en una esquina del escenario, era un baile que más bien era una lucha. Luego el vino el frenesí de la unión y desunión constante de los susodichos cubos formados por grandes cajas de madera. Finalmente cada bailarín coge su cubo, su única unidad geométrica en aquella sociedad y se va a dormir. Mas espera, en  la noche del baile que ya se acaba se levanta una mujer (¿acaso la misma que vimos luchando en soledad al principio?), mientras un hombre anónimo hace rodar el cubo/caja de esa mujer fuera del escenario como quien la quisiera desterrar. Pero no, ella se levanta y mientras el cubo rueda hacia fuera del escenario ella camina para adentro, como quien no se rinde antes las fuerzas que la arrastran, es la imagen literal, poderosa y clara de quien camina contra la corriente, con todos sus desbalances y malabares pero camina en fin hacia donde mejor entiende.

Y no pude evitar pensar en las elecciones que nos caen encima. Como se nos promete tanta villa y castilla, está todo allá arriba, montados los cubos uno sobre otro, y uno se siente que a poco los subes y bajas en tu constante devenir por la ciudad de nuestros días pero nunca realmente eres tú el que decide si se construye o no y cómo se va a construir, y entonces viene Andanza a empujar un cubito con un pie como quien no quiere la cosa e implicar que tu también puedes deconstruir ese edificio, y por supuesto, reconstruirlo.





La historia del vídeo que MTV nunca enseñó: “Running up that hill” de Kate Bush

19 10 2008

Como hoy me siento muy política les voy a prometer algo: esto no se trata de cómo MTV cada vez muestra menos vídeos y opta, en vez, por servir como presentación de evidencia en un juicio de “La estúpidez vs. El Futuro”.

De lo que sí se trata de los vídeitos que todavía quedan, de todas las Britneys del presente (que en verdad son las Janet Jackson del pasado). El baile en MTV parece estar por todas partes: por aquí un shake shake (your booty, of course), por allá un floating y voilá! directo a TRL. Mas lo curioso es que a pesar de tanta visibilidad del baile realmente no es el  centro, por el contrario, en la mayoría de los casos está en función del “performer”, o más bien, en función de la imagen publicitaria que se quiera construir, como ya lo dijera Guy Debord: es todo un espectáculo, la primacía de la imagen del evento va por encima del evento mismo. Y digo, no hay nada malo con el espectáculo en sí mismo – excepto cuando se pasa. Excepto cuando “la norma” se vuelve en norma para excluir y es ahí cuando nos encontramos con “Running up that hill”, canción (y vídeo) de Kate Bush.

Pero eh-eh, aguántalo ahí, toca ir al principio:  “Running up that hill” desde el inicio tuvo, como decirlo… ejem, problemitas. Y de identidad, que son de los peores.

Resulta que originalmente se llamaba “Deal with God”, pero ya tú sabes en este mundo tan divino hacer una canción con tal título es buscarse líos. “No te van a tocar la cancioncita esa ni en Estados Unidos, ni en Irlanda, ni en Australia, ni en Francia, y en Italia? uff olvida’ete d’eso nena”, estoy segura que le dijeron los productores a la Bush cuando en 1985 buscaba lanzar la canción como primer single de su cd Hounds of Love. Y bueno, los artistas también tiene que comer así que se hizo el cambio. Más la fiebre del espectáculo no pudo tanto y aún así “Running up that hill” se quedó así como medio rarito él (o ella?), medio queer el videito: en ningún momento aparece la artista cantando. Obvio, se escucha la canción pero nunca hay una cantante (su cara así bien grande y sexy) moviendo los labios para que tú, queridisimo espectador que no tienes tiempo de pensar mucho, sepas que esa es la que canta y la cara de ella es la que vas a buscar en el disco. Pero eso no significa que la artista no estubiera ahí, en el vídeo, estaba, y para más, aparece bailando.

It doesn’t hurt me.

Una mano corta lentamente un espacio entre tinieblas y de repente agarra un cuello, que al ritmo de la percusión, parece querer despescuezar: así comienza “running up that hill” y como su título sugiere sigue en un ascenso apasionado por resolver de una vez y por todas la imposibilidad de realmente entender a tu pareja.

Do you want to feel how it feels?

 Quizás, tal vez. Por eso los bailarines (la misma Bush y un hombre) se dejan caer sobre sí mismos en un abrazo contorcionado que deja ver sus fisuras (¿por?) y a pesar de la unión.

Y pum, cayó Humpty Dumpty…crackeamos el código. Contrario a la relación facilona de “estábamos solos y ahora nos unimos” de la canción pop tradicional (y que conste que la música de Bush puede ser entendida como media pop) en “Running up that hill” los roles no están tan claramente definidos, ambos se buscan, ambos se separan y el ataque a la pareja (sea en manos despescuezadoras o en brincos uno sobre el otro) son en cierto forma simplemente la manera que encuentran los personajes de acercarse uno al otro. Adiós se le dice al cuento de: mujeres bailando por su cuenta, hombres bailando por su cuenta y luego se unen, colorín colorado una casita en un suburbio y con una minivan me he comprado.

 Y ese fue el vídeo que MTV no quizo, en vez, pasó una versión en vivo facilmente decodificable: una cantante que canta (frente a cámara, recordemos que si no hay imagen en la tv no es real) y un público que la recibe pasivamente, en vez de tener que ponerse a pensar que podría querer decir ese baile raro que tienen ahí esos dos locos. Tal vez fue por la memoria reprimida del “Deal with God”. Tal vez, la causa fue que el baile no cumplía su función de accesorio para la imagen de la artista sino parte integral de la visión artística que se quería presentar. O quizás, había demasiada exploración de las dinámicas de sexualidad. Y es que se permite lo sexy, mientras sea puro toma y dame (y lo digo con toda la mala fé del mundo), pero tan pronto se complejiza el porqué eso se da, o peor aún, se aborde en un medio público cómo no necesariamente es equix sexo/genero el que hace tal o cual cosa, pues en esos casos el sexo está out.

La sexualidad está out, y precisamente por no querer salir del closet, por no haber disposición para enfrentar esas complejidades. Y esto ocurre aún más cuando se está complejizando a través del baile, una rama del arte que tradicionalmente ha sido vista como mero adorno, puro entretenimiento y espectáculo sin las cualidades enaltecidas de otras de las siete musas, como digamos, la pintura. Pero si abandonamos esta concepción macharrana del baile como puro accesorio o versión femenina o marginal de alguna otra cosa que sí es importante (como la imagen el artista en el síndrome MTV), quizás podamos disfrutar de un arte que, como las mujeres, no sólo se ve lindo: también habla.





Bailando en las rocas: del rock climbing, el baile y AscenDance

30 06 2008

Rock climbing. ¿y qué tiene que ver eso con el arte? pues hasta hace poco les hubiera mirado con cara de “bendito nene tú sí que no sabes na”, pero hoy acabo de ver una competencia de escalada (en específico, de bouldering, para los conoseurs) y creo que sí, hay una relación. En los mejores escaladores había una gracia en el movimiento que honestamente me resultó sorprendente, ni que estubieran haciendo ballet en las paredes. Es más se deslizaban como si lo que a mí me costaría tres ojos de la cara para ellos fuera nada – en eso también se parece al ballet, tanto que se tripean a los varones por lo delicados que se ven en escena pero mira si están fuertes los contrayaos. Pero nada, obvio que a los escaladores varones no se los tripean por subir con gracia y fluidez, al contrario ese es el punto y el poseer en su movimiento esta cualidad tradicionalmente femenina (gracia, ligeresa) resulta positivo. Al punto que por lo que he visto la frase “climb like a girl” es algo positivo, contrario a digamos “dar/tirar/etc. como una nena”. Y bueno esto es todo un debate en la blogosfera de rock climbing en el que no me meteré porque ya más que lo han cubierto aquí y aquí, pero si les seguiré cantaleteando de la escalada, la gracia y el arte, en particular en lo que conscierne al baile.

Resulta que si bien la fuerza es necesaria mucho del trepar paredes tiene que ver control del cuerpo, con balance, con flexibilidad e (increíble pero cierto para nosotros los ignorantes) con creatividad más que puro mollero power, según me explicó panacea911. Entonces no pude evitar pensar en el baile y como más que de subir una pierna a tal altura u otras demostraciones de fuerza, se trata más bien de control del cuerpo, de entender el movimiento necesario, preciso, justo para cada acción. Y mi impresión resultó validada, desde el 2006 hay una compañía en California (Ascendance Project) que ha fuscionado el rock climbing con el baile y hacen unas cosas bastante interesante, aquí les dejo algunos vídeos para que la próxima vez que vean una pared de rocas piensen en algo más que minerales.

“Levitate”

“Dancers for higher”





El baile en escena: vídeos flamencos, part deux – los machos

22 04 2008

Como mencionaba en mi post anterior sobre el belly dancing, el flamenco es uno de los bailes populares que ha logrado una sorprendente representación en contextos artísticos más allá del lugar donde nació y los restaurantes o espacios que están directamente ligados a ese lugar. En este sentido hay una gran cantidad de trabajo en vídeo que utiliza al flamenco como medio de expresión artística.

Con la fuerza y fiereza característica del flamenco es de esperar que muchos de sus exponentes más conocidos (que no por eso son necesariamente los mejores) sean hombres. Digo esto, no porque una mujer no pueda ser fiera y fuerte (si baila flamenco ciertamente algo de eso tiene que tener y hay muchos ejemplos de mujeres fuertes en el flamenco, siendo el clásico Carmen Amaya), sino porque al ser características más esperadas de un hombre estos son aceptados, y en consecuencia promovidos, más rápidamente que las mujeres. Es más facil para una mujer hacerce famosa por su sensualidad o dulzura que por su fuerza. Lo mismo ocurre a la inversa: es más fácil que un hombre se haga famoso por su fuerza que por su dulzura. Entonces si se trata de un baile fiero adivina a quienes preferirán?

Pero bueno, más allá de las dimensiones de género en el flamenco, si bien hoy día cuando se dice “bailarín de flamenco” la imagen instántanea es la de Joaquín Cortés (no más googlen el término para que vean) hace algunas décadas atrás el nombre era Antonio Gades. Gades, quien toma su apellido artístico en honor a las bailarinas gaditanas (siguiendo la sugerencia de su maestra, Pilar López) fue la estrella de varias películas como Bodas de Sangre y Carmen, ambas del director Carlos Saura. Para que le puedan hechar una miradita al bailaor par excellence antes de la llegada de Cortés, aquí los dejo con un solo genial de Gades quien tiene un estilo así muy masculino pero sin caer en un macharranismo excesivo. Es una farruca, mas en este caso se prescinde de la música, pues con la fuerza y presencia de este bailaor ni hace falta.

Pero para que no digan que la tengo contra Joaquín, les traigo una de sus primeras incursiones antes de que fuera uno de los bailarines más famosos del mundo (de flamenco y de cualquier baile en general, lo que es un orgullo para el flamenco). Me gusta este vídeo porque es un pedazo de una película de Almodovar (La flor de mi secreto) así que se podrán imaginar lo viajoso y extremadamente sexual que es la coreografía y la misma forma de filmarlo. Aquí flamenco a lo posmoderno:

Pero como no todo es bueno, el peor vídeo de “flamenco”. Aquí por….latin lover a la n potencia????

Ciertamente el traje está lindo (a pesar de lo levemente tacky en su excesiva latinidad), pero a la jlo como que se le olvida que esto es flamenco no hiphop. uno ataca los pasos pero no hay tanta hostilidad, pues siempre dentro de la fiereza queda algo de coquetería (no más miren a Joaquín Cortés, quien a pesar de su flamenco fusionado con otras cosas, tiene mucho más estilo y respeto por el flamenco)… Jennifer López está dando esos pasos como si estuviera espachurrando cucarachas. agg es que no puedo con el performance de uber latin lover, en el que (me perdonaran sus fans) Joaquín Cortés es más que partícipe, en ese sentido él es un bailaor macho pero medio queercito.





Martha Graham y la subvención del canon

2 12 2007

Nunca tuvo hijos, pero se le conoce como la madre y gestora de uno de las más grandes revoluciones artísticas: la danza moderna. Martha Graham habrá nacido en el siglo diecinueve (específicamente en el 1894), pero su danza dió paso a una nueva concepción, incluso, se podría decir que a una reinvención de la danza: una danza que representaría las nuevas realidades del siglo veinte, dando paso así a la danza moderna.

Si bien Graham no fue la primera en romper con convenciones del ballet (anteriormente Isadora Duncan ya se había revelado contra las zapatillas y eran muchas las mujeres a principios del siglo veinte que exploraban nuevas formas de usar el cuerpo en movimiento) fue Martha Graham quien terminó sirviendo como punta de lanza para la danza moderna. Su estilo parecía violentar todo lo establecido en el canon del lenguaje del baile, esto a partir de contracciones violentas y un fuerte trabajo de piso, entre otras técnicas que contrario al ballet no le huían a manifestar fuerza, dolor, o erotismo en los movimientos, según han manifestado críticos como Terry Teachout de la revista Time. Todo lo contrario, en un artículo de Waldemar Dante publicado por la revista Vogue, se comenta que “se ha dicho que sus ballets están hechos con la emotividad que surge, no de la tranquilidad sino de la crisis, por eso su trabajo provoca controversias, porque nos obliga a un compromiso terrible tanto con nuestra realidad como con el drama personal de cada ser humano”.

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Por tanto, la danza que proponía Graham iba hacia una representación de las angustias internas, por encima de lo “bello” y “fluido”, rompía con toda la tradición que había establecido el ballet: un nuevo género se hacía presente, no elevándose por los cielos liviano y libre de preocupaciones, sino estremeciéndose a raz de suelo, inquieto con la realidad del momento. Graham propuso no solamente una nueva estética, una nueva forma de abordar el cuerpo en movimiento, sino incluso, una revisión de propiedades con respecto a las temáticas que debe abordar la danza. Este giro, no es enteramente casual, ya que Graham se muda a Nueva York en busca de fortuna como artista independiente en 1923, poco después de la Primera Guerra Mundial; y forma su propia compañía en la susodicha ciudad en 1929, exactamente el mismo año en que cae la bolsa en la Gran Manzana, marcando así el inicio de la Gran Depresión y el colapso económico más grande de la historia contemporánea que duró hasta entrado los 40’s.

Es precisamente en este periodo histórico en que los gloriosos años 20s no son más que una ilusión rota en medio del colapso mundial de los mercados, que Graham se establece como artista de renombre y compone algunas de sus piezas más célebres: Lamentation (1927), Frontier (1935), Letter to the World (1940), y Appalachian Spring (1944). En éstas se refleja la inquietud compartida por los movimientos artísticos de la época por crear un arte comprometido socialmente, tanto por no limitarse a temas liviano-románticos típicos de formas como el ballet, como por buscar entablar un lazo con la sociedad de donde y para quien se crea, de forma que refleje sus realidades y no las de un reducido grupo privilegiado. Por ello, no es de extrañar que dos de estas piezas, Frontier y Appalachian Spring, tengan como protagonistas a pioneros, remitiendo así a las raíces culturales de los Estados Unidos en vez de a la tradición cultural europea como lo hacía el ballet.

Además, se hacía vigente en estas piezas las ansias por nuevas formas de comunicar, que respondieran a las realidades del cambiante e inesperado mundo en que se vivía: como en Lamentation donde se manifiesta la angustia de una mujer a quien sólo se le ve la cara, pues todo su cuerpo está cubierto en una especie de tubo de tela, o como en Letter to the World, en la cual se integraba un texto hablado a la presentación danzada, presagiando así las tendencias multi-medio y multi-género del performance actual.

También, es digno de señalar el que estas piezas tenían como protagonistas a mujeres, sobretodo cuando se considera que en las artes por lo general se habla de “grandes maestros” y el “padre” de tal o cual movimiento siendo los hombres quienes dominan el panorama cultural. En el trabajo de Graham y en la gestación de la danza moderna son las mujeres quienes hablan, quienes se quejan por su dolor y quienes se maravillan ante sus fortunas. De repente, la mujer es visible y partícipe del espacio público, lo que refleja los mismo cambios históricos que se gestaban en el momento como la ratificación de la enmienda 19 a la constitución estadounidense que le garantizó el derecho al voto a las mujeres al establecer el sufragio universal en 1920, tan sólo cuatro años luego de que Graham comenzará su educación formal en baile en la escuela Denisharm en California. Este elemento “feminista” de la creación de Graham no pasa inadvertido por la artista misma, quien le comentó en una entrevista a Waldemar Dante que “mi ballet representa el punto exacto entre lo corporal y lo espiritual, logrado con una disciplina estricta: tal cual viven las mujeres para subsistir. Por eso privilegio la danza antes que la música, la danza es esencialmente femenina”.

Por tanto, Graham promovió toda una revolución artística tanto en términos de forma y estética como de temática y personajes dignos de representación. Para los efectos, su representación como la “madre de la danza moderna” o de la danza americana, responde no necesariamente a que fuera la primera en comenzar a romper con ciertos cánones de la danza, sino por ser quien con más empeño, fiereza y disciplina propusiera algo nuevo e introdujera a través de su danza y su compañía (que aún existe) toda una subversión del canón y los géneros establecidos para crear un lenguaje que viniera desde adentro y reflejara la realidad interna. Porque a final de cuentas “los brazos y las piernas pueden ser usados para manipulaciones y traslados, la cabeza para decisiones y juicios. Pero todo, cada emoción, se hace visible primero en el torso. El corazón late y el pulmón se llena, allí está el aire y con el la vida” ligando eternamente la danza con la realidad misma de la existencia humana.