Algo más que una película, DanzaÉ en el estreno de “Yo, También”

18 08 2010

Varias veces he tratado en el blog la confluencia de la danza con el medio del video, sea en su uso en presentaciones multimediáticas o en películas dedicadas a explorar la danza, su feeling, estética y razones de ser como en el trabajo de Carlos Saura. Hoy les traigo otra confluencia un poco menos directa pero no por ellos menos interesante.

Algunos de los miembros de DanzaÉ, grupo dirigido por Paulette Beauchamp

Pronto se estará estrenando en Puerto Rico una película española llamada “Yo, También” que entre otras trata sobre un muchacho con Sindrome de Down. En Puerto Rico la cuestión de salud mental está más crítica que nunca, tanto con los niveles de violencia y casos no diagnosticados que terminan en tragedia, como con los casos mas evidentes (como Síndrome de Down, Autismo, entre otras) que se ven afectados por la desmantelización continua de servicios (ya precarios) durante la crisis económica.

Ante este panorama, Paulette Beauchamp, una reconocida bailarina y coreográfa puertorriqueña tanto a nivel nacional como internacional, junto con un grupo de profesionales de la danza y las artes lleva ya años trabajando en DanzaÉ.

DanzaÉ es un grupo de bailarines con Síndrome de Down y otras cndiciones que presentan shows de bomba puertorriqueña y danza moderna, entre otras inventos que surgen en el quehacer creativo de cualquier artista. Han ido al Desfile Puertorriqueño en Nueva York y ha presentar su trabajo en España, entre otros eventos.

Para mi es chulísimo, que ante el marco de esta nueva película no simplemente se haga un estreno con taquillas de cine extra caras, vinitos y pretensiones de fichureo, sino que artistas (porque eso es lo que estos chicos son) que viven la realidad de vivir con síndrome de Down tengan el espacio para presentar su trabajo y materializar lo que se presenta en pantalla en “vida real”. Aquí la info de la gala de estreno, que además de la presentación de DanzaÉ contará con la presencia de Lola Dueñas (una de las chicas Almodovar) quien coprotagoniza la película.

Cuándo: Agosto 31, 7 a 9 pm

Dónde: Cines de San Patricio Plaza

Precio: $32.10

Info: 787-775-9438 / 787-723-2345
oficina@danzactiva.com

Y un corto del documental, “El Arte de las Artes”, de la casa productora puertorriqueña, Zona Franca, que toca el trabajo de DanzaÉ.





Los niños millonarios de Danny Boyle

3 03 2009
Antes de "Slumdog Millionaire" Danny Boyle hizo "Millions"

Antes de "Slumdog Millionaire" Danny Boyle hizo "Millions"

Con todo esto de la fiebre de “Slumdog millionaire” tras su victoria apoteósica en los Oscares ( oscares, incluyendo mejor director y mejor película) me he puesto a mirar de nuevo la cinematografía de Danny Boyle (su director) y acabo de darme cuenta que él también hizo “Millions”, una película que en muchas cosas se parece a “Slumdog Millionaire”: es la historia de dos niños que viven en unas circunstancias opresivas/depresivas y a su manera, con fuerza de inventiva y algo de suerte se las ingenian para sobrevivir. También es la historia de dos hermanos, uno mas seducible por el dinero y la posibilidad de escapar el dolor a través de él y otro que por el contrario quiere salvar a los menos afortunados, la encarnación de la inocencia en su versión más “pura” y clásica. De más está decir que ambas trabajan la idea de la riqueza (monetaria) por un golpe de suerte y las reflexiones que eso implica sobre lo que esperamos de la vida, lo que realmente queremos de ella y qué realmente necesitamos. Por supuesto Boyle hace esto sin sermonear (sino sería un director fatal, aburrídismo e irritante). Pero bueno, a fin de cuentas, en ambas películas luego de una serie de incidentes surreales, el bien triunfa y dejas la sala de cine con el sentir de que algo mágico y maravilloso ha pasado. Ambas son películas refrescantes, llenas de una alegría de vivir increíble.

Mas no digo esto para señalar que Boyle se copió de si mismo u algo por el estilo. Las películas se sienten (y ven) muy distintas, bueno que ni cuenta me di en el momento de esos paralelismos es algo que ha vuelto a mi tras algunos días de reflexión, ya cuando uno coge cierta distancia y puede ver la película con una mirada diferente, a poco más racional y calculadora. Pero a lo que iba, las películas se sienten muy distintas, quizas porque ambas logran retratar muy bien la localidad de su ambiente: en el caso de “Millions”, una ciudad cualquiera en Inglaterra en algún momento futuro en el que se está haciendo la transición al euro, en “Slumdog Millionaire”, el Mumbai en medio de su transformación como metrópolis globalizada. Es esa especificidad local, esa capacidad que tiene Boyle de entender el lenguaje visual, sonoro y rítmico de una ciudad y la sociedad que la vive para re-presentarlo en una pantalla grande la que vuelves estas dos obras de cine diferentes.

Me parece que podemos esperar muchas más cosas geniales de este director, porque a fin de cuentas de eso se trata el cine: de contar historias universales (es decir comunes a muchos, “repetidas” como quien dice) pero hacerlo de una manera única, que refleje la individualidad particular que tiene cada historia, cada vida.

millionskidsslumdog4601

“Millions” y “Slumdog Millionaire”, ambas de Danny Boyle, cuentan la historia de dos hermanos, ninguno intrínsicamente malo, pero uno más dirigido a la “sobrevivencia” y otro a los caminos beatos de hacer el bien sin mirar a quién ni importar qué.





The Wrestler: intrigante perspectiva

23 02 2009
the_wrestler_mickey_rourke

Mickey Rourke fue nominado a un Oscar como mejor actor por su rol en The Wrestler

The Wrestler es una película estraña. Contradictoria. Algo así como la lucha libre misma, no es un deporte, no es real, se supone que sea puro show, pero nos la creeemos y gritamos y gritamos como si lo fuera. De igual forma, los musculos de los luchadores son reales, la presión para recurrir a fármacos como esteroides está ahí y si te caes del ring o te “disparan” con una grapadora el dolor va a estar ahí, el dolor es real… Igual que la aislación y la frustración en la que a veces resulta la vejez, o más bien el sentirse “viejo” a lo obsoleto, venido a menos, en fin, moribundo. No es bonito. 

Y esta película ciertamente no lo es, es cruda, con imágenes que no son excesivas (no son gores ni pornográficas) pero quizás preferiríamos no ver. Aún así sería una mentira decir que no se disfruta  o que el personaje principal no nos cae bien. No importa que hubiera abandonado a su hija, no importa que use esteroides (definidos en las peliculas de deportes tradicionales como la característica del malo tramposo), no importa que nuestro antihéroe, Randy “The Ram” Robinson”, siga viviendo en una burbuja exótica llamada “los años 80’s”. No importa. Mickey Rourke le da una interpretación al protagonista de esta película que no puede dejar de conmovernos a la vez que nos extremece.

Espectacular: Mickey Rourke en una actuación descomunal, tan honesta, tan humana, tan fuerte y real. genial.

Sorpresivo pero chévere: Darren Aranofski, el director de Pi, Requiem for a Dream y la infame The Fountain controló sus impulsos de viaje total (tanto guionísticos como cinematográficos) y nos dió una película impregnada de realismo, con sus fealdades y bellezas, la cualidad granosa de lo imagen fue un plus.

Medio charrito: las escenas de reproche con la hija “abandonada” de Randy “The Ram” Robinson, un poquito cliché pero se le perdonaba por lo buena que estaba la película en general.

Ea Rayo! Moment: Marisa Tomey, la niña buena par excellence haciendo de striper con unas escenas bastante hardcorosas, nada de glamour a lo Demi Moore en Striptease this is the real thing.





“Slumdog Millionaire”: un “Ciudad de Dios” indio sobre los olvidados del mundo

31 12 2008

Jamal, un chico pobre, huérfano, nacido en uno de los “slums” de Mumbai va al programa (indio) Who Wants to be a Millionaire y ¡sorpresa! asierta una pregunta tras otra. Cualquiera diría que es otra de esas fantasías rosadas de Hollywood, esta vez con el ingrediente exótico de ser en la India en vez de un guetto de Los Angeles.

Pero “Slumdog Millionaire” , dirigida por Danny Boyle, sigue más la tradición Tercer Mundista de “Ciudad de Dios” de Fernando Meirelles que los Cinderella Stories del Primer Mundo cinematográfico por excelencia, Hollywood. Con un soundtrack espectacular somos perseguidos por la policía junto a Jamal y su hermano, Salim, por el guetto de Mumbai en una escena que replica el inicio de “Ciudad de Dios”.

De esta forma “Slumdog Millionaire” nos permite penetrar en un mundo olvidado, hasta cierto punto intocable, un mundo de pobreza extrema, pero donde a fin de cuentas los niños siguen siendo niños y hacen sus travesuras como cualquier otro. Según se desarrolla el filme se mezcla la inocencia de la niñez con un endurecimiento y cinismo de la adultez según van creciendo los niños y la vida les va demostrando que en efecto, sí importa el que hayan nacido en un “slum”. Mas, como en “Ciudad de Dios”, y en muchas otras películas que tratan el desarrollo de las personas que nacen en la pobreza extrema (desde los gangster movies hasta los westerns), hay dos figuas hermanadas (sean hermanos, primos o mejores amigos), uno escoge el bien y otro el “mal”.

Mas lo que resalta del filme es que logra retratar la vida de Jamal desde su infancia hasta su llegada al programa de televisión manteniendo un espíritu de genuinidad: los actores son indios, se trabajan problemas claves en la india como las tensiones religiosas entre el Islam y el Hinduismo, y su rol en el mundo global-¿quién no ha hablado con algún indio al hacer una llamada de “servicio al cliente” para arreglar su máquina?… Incluso se le rinde un pequeño homenaje al cine indio, Bollywood y a las idiosincracias culturales de ese país. No hay ni un sólo beso en la boca durante toda la película, el “beso” entre la pareja romántica (pues por su puesto hay una trágica pareja romántica, el dramatismo es muy popular en el cine indio) es un beso al que se le hace un “freeze” antes de ser completado, los labios nunca se tocan, respetando así lo que hasta hace poco fuera una ley en el cine indio donde la gente no podía aparecer en escena besándose. Además hay hasta una irrupción de los bailes a gran escala al estilo de los músicales de Bollyood.

Y así como “Ciudad de Dios” nos permitió ver otra cara de Río de Janeiro, y de Brasil, una cara tanto oscura como bella a la vez, “Slumdog Millionaire” nos presenta otro lado del Mumbai. Precisamente el Mumbai donde recientemente ocurriera un atroz ataque terrorista aparentemente por un grupo extremista islámico.

Y aunque los creadores de este filme no podían haber sabido que eso iba a pasar, igual que probablemente no se olían el desastre económico en los Estados Unidos, el que salga esta película ahora es un timing esquisito. India, con su desarrollo rampante y posible posicionamiento como una de las economías más fructiferas del mundo, sobretodo ahora que la “caída” de los Estados Unidos deja más espacio a otros países, tiene que enfrentar la increible desigualdad que se vive en su país – esos millones de personas que quedan desplazados en el impulso hacia la “modernización” y “globalización” que han hecho de Mumbai, entre otras ciudades indias los centros de las nuevas tecnologías de la información (IT).

Aún más, ante la crisis económica que se proyecta impactará mucho más allá de los Estados Unidos el mundo en su totalidad tiene que llevar a cabo esa reflexión. ¿Dónde quedan los desplazados de la globalización? Nuestro protagonista en “Slumdog Millionaire” tiene un show que lo salva, pero acaso ¿hay algún show o remedio mediático que nos salve de la burbuja económica reventada? Y una vez salgamos del hoyo, ¿cómo podemos redefinir las relaciones económicas e internacionales para ser un mundo aunque sea un poquitín más justo? Un lugar donde no tengamos que seguir extremesiéndonos ante la realidad de películas sobre los olvidados del mundo.

Algunos enlaces sobre los slums en India:

1.Sobre los “slums” en India y los problemas de planificación que se enfrenta:

        “Poverty and slums in India : impact of changing economic landscape” – por el South Asia Analysis Group

2. Sobre Dharavi, uno de los “slums” más grandes de Asia, pero conocido en particular por quedar en el mismo centro de Mumbai, una de las ciudades indias más “modernas” y la cual se proyecta como el Shangai indio.

     “Dharavi, India largest’s slum eyed by Mumbai developers” – LA Times informa sobre los nuevos planes de “rehabitilizar” y “redesarrollar” Dharavi, planes a los que se han opuesto fuertemente los residentes de este slum

    “Mumbai slum solution?” – la misma polémica esta vez cubierto por la BBC

3. “The Paradox of Bombay” es una serie de reportajes en profundidad que hizo Spiegel Online International sobre Mombay (antes Bombay), incluye los siguientes tres artículos que están excelentes

       Part I: Slums, Stocks, Stars and the New India

       Part II: Manchester of the East

       Part III: From the Slums to the City Center





Las películas del año con (oh no!) optimismo

22 12 2008

Una lista de película que de seguro no llegarán nunca al cine en Puerto Rico (al menos la mayoría), but here’s hoping que Fine Arts Café nos salve… al menos después de que se ganen dos o tres oscares algunas de ellas. Y de paso una mirada a la industria del cine en la tan actual y totipotente crisis económica. Manohla Dargis escribe para el NYTimes:

happy

YOU can’t make everyone happy,” a woman says in “Happy-Go-Lucky,” Mike Leigh’s film about an irrepressible young teacher named Poppy, played with infectious good will and gurgling laughter by Sally Hawkins. “There’s no harm in trying, is there?” Poppy replies, with a smile as bright and warming as the sun. It is hard to argue with the sun when it beats down on you as relentlessly as Poppy.

And so, dear (and hostile) reader, it is in the admittedly alien spirit of optimism that I offer you my 10 favorite films, and some thoughts about the year in film. Optimism, I should add, perhaps needlessly, does not come naturally to me. Hope is for suckers (or so I believed!) and those who think Carrie really will find her happily-ever-after by marrying Mr. Big. I tend to embrace my inner Caden Cotard, the theater director played by Philip Seymour Hoffman in Charlie Kaufman’s “Synecdoche, New York,” a grievously underloved film about life and death and every agonized and beautiful thing in between, including art and the scratch-scratch of those who are trying to leave their marks on the world.

Like Caden, I generally don’t see the proverbial glass half empty; I tend to see it drained to the last sinedoquedrop, chewed up and swallowed, jagged shard by shard. For a lot of people both in the movie world and in journalism, this has been the year of eating glass, which is even worse when you know those who have lost their jobs. Not long ago I went to a press screening expecting to be greeted by the publicist handling the film. She never showed because she had been told to stick around the office to wait for the official confirmation that her company had gone belly up. That news, by the way, was delivered by e-mail.

The next day she and I exchanged goodbye e-mail messages, and she thanked me for a review of another movie that she had been representing. “I just wish,” she added, “a good review meant something these days.” I understand what she means, but she was talking as a publicist, as someone for whom the value of a review comes down to whether it can help sell a movie in a fearsomely overcrowded market. But selling movies isn’t the job of the reviewer, which is something I wish some of my colleagues would remember whenever they start moaning about how critics don’t have power anymore. As if making (or breaking) movies were part of the gig. It isn’t, and never should have been.

flightThat doesn’t mean critics don’t advocate and try to nudge (or push) you into theaters. And I do wish more of you had checked out the likes of “Alexandra,” a spooky, ethereally beautiful meditation on war and national identity from the Russian filmmaker Alexander Sokurov, which ushers you into an extraordinary, vivid world unlike any that materialized at the local multiplex. Or “Flight of the Red Balloon,” a tenderly expressive film about childhood and its end from the Taiwanese director Hou Hsiao-hsien, an artist whose camera soars even as his worldview remains grounded in real life. Or “Silent Light,” a rapturous love story set in a northern Mexican Mennonite community from Carlos Reygadas. Or “Paranoid Park,” the one great film from Gus Van Sant to come out this year.

Mr. Van Sant’s other film, of course, is “Milk,” a touching if aesthetically unremarkable biography of Harvey Milk, the assassinated gay rights pioneer. I like “Milk,” which has a strong, showy, often moving performance from Sean Penn as Milk and one gorgeously directed and choreographed sequence — shot by the great cinematographer Harris Savides — in which Josh Brolin, oiled in flop sweat and hair grease as Milk’s killer, Dan White, walks alone through a series of grim institutional corridors that put the killer’s existential isolation and desperate journey into bold visual terms. “Milk” is undeniably moving, but it earns most of its power from its historical resonance and because it holds up a mirror to another charismatic community organizer who rose from the streets on a message of hope.

I wish “Milk” well, because I want Mr. Van Sant, usually one of the most aesthetically venturesome American darkknight1directors working today, to keep making movies. I’m also rooting for “Milk,” which was made by Focus Features, a specialty division of Universal Studios, because it represents the kind of serious, midsize production that seems most in peril these days. The big studios like being in the big movie business, but it’s rare that art enters the equation as forcefully as it does in “The Dark Knight,” the Christopher Nolan film that earned critical love on its release but is now being shunned by critics’ groups that seem to think complexity, self-conscious contradictions and beauty are exclusive to the art house.

“The Dark Knight” was one of the few good things to come out of Warner Brothers this year. In the spring the studio shut down two of its specialty divisions, Warner Independent Pictures and Picturehouse, and gutted another of its companies, New Line Cinema. This is bad news for those who lost their jobs and for mainstream American movies of a certain size and provenance. Warner Independent and Picturehouse released some unfortunate titles, but sometimes they were also responsible for the only decent movies to come off the Warner lot, including George Clooney’s intelligent gloss on the showdown between Edward R. Murrow and Joseph McCarthy, “Good Night, and Good Luck”; Guillermo del Toro’s eerie wartime fairy tale, “Pan’s Labyrinth”; and Fernando Eimbcke’s low-key, low-budget charmer “Duck Season.”

I’m keeping my fingers crossed that more specialty divisions keep afloat. Without them it’s hard to see how a modern masterwork like Paul Thomas Anderson’s “There Will Be Blood,” which was released last year by Paramount Vantage — whose ranks were radically thinned this year — will be made. Over the past few decades the studios siphoned talent from the independent sector, including filmmakers like Mr. Anderson and Mr. Nolan, and went into the art-house business. I have deeply ambivalent feelings about how this incursion affected the independent world (it turned the Sundance Film Festival into a frenzied meat market, among other unfortunate developments), but there’s no question that American mainstream movies have been better for it.

The tough times have been even tougher on nonstudio companies, including the British outfit Tartan Films, which shut down entirely, and ThinkFilm, which teetered on the edge this year and saw the departure of one of its founders, Mark Urman, who headed to a new venture. Despite its woes, ThinkFilm released some solid films this year, including another of my favorites, “Encounters at the End of the World,” in which Werner Herzog goes deep and way down south to the Antarctic only to surface with an elegiac meditation on life and death among creatures great and microscopic. Mr. Herzog dedicated this digitally shot wonderment to his longtime friend, the critic Roger Ebert, who, despite losing his voice to illness, has continued to express his movie love with admirable vigor.

still-lifeThere are glimmers. While independent distributors have taken plenty of hits, veteran outfits like New Yorker Films, which released another of my favorites, Jia Zhang-ke’s “Still Life,” and newcomers like Oscilloscope Pictures, which put out my last (though not least) favorite of the year, Kelly Reichardt’s “Wendy and Lucy,” are keeping the faith. When I was in college, I once helped program an entire semester’s worth of attractions just by cherry-picking titles from the New Yorker Films back catalog. The company’s longevity seems something of a miracle, as does the consistent quality of its releases. If nothing else, companies like these offer stubborn proof that there remains a serious audience for the kinds of serious movies that Ms. Reichardt, Mr. Herzog and others keep making against often daunting odds.

At the risk of sounding stoned on hope, I offer the following heresy: The movies are fine. Sometimes they’re great; occasionally they’re magnificent. The movie and news businesses are hurting, true, but any year that brings films like “Still Life” into American theaters — along with “Momma’s Man,” “Reprise,” “Ballast,” “The Class,” “Boarding Gate,” “A Christmas Tale,” “The Duchess of Langeais,” “Gran Torino,” “Harvard Beats Yale 29-29,” “My Winnipeg,” “The Last Mistress,” “The Order of Myths,” “Trouble the Water,” “Frownland,” “Patti Smith: Dream of Life,” “Mad Detective,” “Vicky Cristina Barcelona,” “Che” and “Wall-E,” or rather its first superb 15 minutes (which bear remarkable resemblance to the first 15 minutes of “There Will Be Blood,” though that’s another story) — cannot be deemed a washout.

There is, of course, perverse pleasure in ending the year with an angry rant, as I have proven in the past, if only to myself. But given the clanging of so much bad news, I thought I would try a change of pace. I’m not sure if optimism becomes me, but it sure feels nice. Every year filmmakers from around the world offer us stories filled with grief and tragedy that either feed our souls or rip out another little piece. I tend to fall for movies like these, but I also swoon for those filled with grace and generous sentiments, like “Happy-Go-Lucky,” that suggest that one way to face hard times (and raging driving instructors) is with an open heart and smile. Quickly now: give it a try!