Para el 2009: Documental sobre luchas comunitarias

24 12 2008

Me acabo de enterar por Calahondo que el documental “Del cielo a la tierra”, reseñado en este espacio previamente (clickea aquí para ver) estará disponible el mes que viene. Será distribuido por Zona Franca. Según nos cuenta Luis F. Coss, “este trabajo de una hora de duración se hizo bajo la dirección de César Colón Montijo, y la investigación estuvo a cargo del propio Colón Montijo y Carla Minet, Directora Ejecutiva de Prensa Comunitaria”. La reseña que acompaña el DVD lee como sigue:

“Del Cielo a la Tierra examina el desarrollo reciente del movimiento comunitario en Puerto Rico y sus perspectivas futuras como una alternativa de cambio social. El documental contextualiza el trabajo de varias organizaciones comunitarias con una mirada crítica a problemas como la invisibilización de las comunidades, la criminalización de la pobreza, los problemas internos del movimiento y sus confrontaciones con el poder político.

“La pieza documenta luchas pasadas como Villa Sin Miedo, y proyectos nuevos como PRENSA COMUNITARIA, al mismo tiempo que se revela como un llamado esperanzador al trabajo colectivo y la solidaridad en un siglo 21 que promete grandes desafíos”.

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“Del cielo a la tierra”, documentando las luchas comunitarias

25 10 2008

Tienen capital humano, capital ambiental, e incluso, capital económico. Producen alrededor de 120,000 empleos al año a través de microempresas administradas y patrocinadas localmente. Pero entonces, si tienen tanto recurso disponible, ¿cómo es que parece que las comunidades todavía no arrancan?

 

Con la intención de explorar el desarrollo de las luchas comunitarias y su estado actual, la casa productora local, Zona Franca, saca a la calle su nuevo documental: “Del cielo a la tierra”, dirigido por César Colón Montijo y Carla Minet Santos. Más allá de hacer un recorrido por las diferentes organizaciones comunitarias, el documental se adentra en la madeja de por qué existen las comunidades tal cual existen: segregadas, estigmatizadas y siempre recordadas por los políticos sólo en época eleccionaria.

 

Visualmente, resulta una propuesta interesante. Si bien cuenta con la presencia constante de las tradicionales entrevistas de los documentales, reflejo de una exhaustiva investigación que los llevó desde Piñones hasta Cabo Rojo, este recurso se explota más allá de su capacidad para transmitir datos. La cámara pausa. Respira. Y se toma la libertad de mirar a la gente, de escucharla y de tratarla con el mismo respeto con el que se trata a los (no tan) honorables legisladores y funcionarios oficiales de este país. Otra cosa, si bien se adopta el tiro clásico de telenoticiaro (que presenta a las personas a medio cuerpo) detrás del entrevistado no se ve un fondo formal e impersonal sino el lugar de donde proviene. Un niño sueña con ser líder comunitario frente al caño Martín Peña. Una mujer se queja desde su residencial en Arecibo de que la definición del gobierno de mantener la comunidad “informada” es darle mamotretos en inglés (que igual para ella podrían ser en arameo, comenta). Y un hombre se niega a dejar Las Gladiolas, su residencial, mientras habla en un centro comunal.

 

 

Al usar este recurso estético las personas, literalmente, están enmarcadas en su contexto. Y esto quizás es una de las piezas claves de las producciones de Zona Franca. Se propone hacer un periodismo arraigado en la idea de que los eventos y las situaciones dignas de ser conocidas no surgen de la nada, sino que vienen arraigadas en un marco de circunstancias mayor que las definen. Por ejemplo, cuando se exploró el tema de la cárcel en su previo documental, El dia menos pensado, dirigido por Leandro Fabrici, la cárcel fue abordada como parte de una estructura social que vive a partir de la necesidad de controlar, necesidad que va desde la cámara en la esquina de la plaza hasta la identificación digital en el trabajo.  

 

Este énfasis en el contexto y las causas mayores que motivan un evento o situación cobra aún más importancia cuando se está hablando de las comunidades y la segregación, o más concretamente, el abandono social que viven día a día. Como explicara Mirta Morales, de la Escuela de Derecho de la UPR, la pobreza se tiende a ver como un problema individual, fruto de ciertas incapacidades particulares de ciertas personas lo que justifica para muchos el que exista: “eres pobres porque quieres” vendría a ser el argumento. Termina criminalizado el desprivilegiado económicamente (para pornerlo en versión “politically correct” porque ahora hasta la palabra nada más, “pobre”, molesta). Es por ello que el presidente de la Junta de Prensa Comunitaria, Samuel Rossario, nos recuerda: “el gran problema para el movimiento comunitario es la criminalización de la pobreza” el que se les vea como vagos y problemáticos, en fin, gente no productiva en un mundo que lo mide todo por niveles productividad. Mas no es cualquier productividad, porque mucho se hace y se produce en las comunidades, sino que esa productividad a lo que se refiere es a un muy específico capital, uno que muy pocas veces se ha atrevido a mirar más allá de su propio ventanal de cristal.