A falta de clases de arte, ¿mamá?

8 09 2009

Ante el inminente asote que está recibiendo la cultura en Puerto Rico (y en muchos otros lugares), es necesario tomar medidas de contingencias. Que pueden ser tan simples como un padre/madre enseñarle a su hijo/a el arte de mirar, la maravilla de observar su entorno más allá de lo meramente funcional, sino poder ver y deleitarse también con cómo un árbol recién florecido puede crear una lluvia de flores amarillas o cuán diferent se ve el cielo cuando se mira desde debajo del agua, sumergido en la playa.

Este artículo del Boston Globe ofrece otras posibilidades de cómo los padres y madres pueden ayudar a subsanar el vacío que deja la falta de apoyo institucional y gubernamental hacia las artes (desde el despido de maestros de arte, hasta la falta de fondos – o sea la desmantelación virtual de instituciones artísticas y culturales como el Instituto de Cultura Puertorriqueño). Me preocupa un poco que esto se vuelva un relegarle los padres la responsabilidad de educar a las próximas generaciones sobre sensibilidades culturales y artística, una salida facil del gobierno que cada vez más busca librarse de lo que han sido sus responsabilidades (empleo, salud, retiro, educación). pero a la misma vez entiendo que el proyecto educativo de un pueblo no le corresponde únicamente a las escuelas – la casa, la familia, tambiñen son escuelas, aprovechémoslas pues.

Use your imagination
How parents can fill the void when schools cut arts and music programs
By Don Aucoin
Globe Staff / September 1, 2009

One day, when Barbara Martin was 11 years old and lounging around her Tennessee home with her three siblings, their mother returned from a backyard foray with some unexpected marching orders.

“Everyone should spend five minutes in the hammock looking up at the blue sky through the yellow leaves,’’ she told them. The children complied. “It was an extraordinary visual effect,’’ recalls Martin. “The colors were so fabulous on that fall day, it had the power to feed your soul.’’

That maternal lesson on the importance of forging a connection to the visual world, of seeing the world as a work of art, evidently stuck with Martin: Today, she is the Alfond curator of education at the Museum of Fine Arts.

But what if you’re an average parent? How do you instill an appreciation for the arts in your kids, thereby enlarging their creative and critical-thinking skills while deepening their enjoyment of life?

The question has added urgency at the moment. The statewide education budget crunch has prompted many cash-strapped schools to cut back on programs in music, theater, dance, photography, and the visual arts. In February, a report by the Boston Foundation found that as students in Boston’s 143 public schools move into the higher grades, their access to arts programs of all kinds sharply diminishes.

For parents who want to pick up the slack and shoulder the role of arts advocate and educator, one place to start is exactly where Martin’s mother began: in the home. The first art to develop is the art of looking. Martin says parents should foster “a visual awareness of your surroundings’’ within their children. “Think of looking games as something to do when you’re walking. ‘How many colors can you find in this landscape? What story can we tell each other about this picture?’ ’’ she says. “Think about opportunities to engage your kids with the visual world.’’

While you’re doing that, stock an “art shelf’’ or an “art box’’ with plenty of construction paper, markers, fabric scraps, and old magazines (for cutting pictures out of). That way, when inspiration strikes your child, he or she will have the tools at hand to execute their vision.

The next step is to take them to a museum, so they can see how the pros do it. The MFA offers activity sheets for children, called “Art Connections,’’ that allow them to explore “Mythical Creatures, Powerful Figures, Flowers, Cats, or Writing.’’ Also available at the museum are art classes for kids, a visiting guide replete with “gallery games,’’ a family audio guide, and a “Family Art Cart’’ for children ages 4 and older.

Martin advises parents to build field trips with their kids around a theme. For instance, using the MFA’s self-guiding “Art Connections,’’ parents and children could follow the theme of “Writing in Art’’ from a cuneiform inscription dating to ancient Assyria to an inscribed golden bowl in the early-Greece gallery to the Egyptian funerary arts gallery.

“What you want in visiting a museum is a balance of focus and freedom,’’ says Martin. “Affirm your child’s observations. ‘Ah, so you’re noticing the brushstrokes are short and choppy. Oh, so you think the bird is about to eat the worm.’ ’’

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Carta de una plasta a Mayra Montero

15 03 2008

El pasado domingo, la escritora Mayra Montero decretó en su columna semanal “Antes que llegue el lunes” que los jóvenes del momento son una generación de plastas. En ésta se recuenta la experiencia de una profesora a quien se le pidió fuera más condescendiente con sus estudiantes luego de expulsar del salón de clases a unos alumnos por básicamente ser unos desordenados, aunque (por supuesto) ella lo describe más dramáticamente. Consecuentemente la escritora ofrece su veredicto:

Invierten largos años en terminar un bachillerato, carecen de grandes sueños profesionales ni mucho menos tienen lo que antiguamente entendíamos por compromiso. Así, parece que el país deberá prepararse para acunar a una generación de plastas que han hecho de la impunidad su religión y que lo han recibido casi todo a cambio de nada. Y digo casi todo, porque no hay lección de vida.”

Pero señorita Mayra, ¿quién crió a esa generación? ¿quiénes fueron a los que, digamos, se les chispoteó darle los valores que usted tanto reclama? O me va a decir que en la década de los ochentas vinieron los marcianos y modificaron genéticamente todos los óvulos femeninos puertorriqueños creando una generación de humanoides con defectos mentales? Porque que yo sepa las escuelas no las administran jóvenes, sino adultos; adultos tan y tan adultos, tan y tan sumidos en su exquisita autoridad dada por hecho que se les olvidó lo que era coger clases.

Mas vayamos al caso de la universidad y la supuesta generación perdida, sí, fallaron los estudiantes de los que ella habla al estar riéndose y empujando sillas en medio de una clase, pero falló aún más el sistema universitario por ser tan sumiso so pena de perder dos o tres estudiantes bobos. Falló el recinto por no apoyar a los profesores y ni siquiera darle la oportunidad de justificar sus acciones, discutirlas con los estudiantes, llevarlo a un consejo de mediación o algo similar. Y fallan también los profesores por enviarles cartitas changas a una escritora que cada vez berrincha más que argumenta. Todo esto para que como voz pública autorizada grite: “¡Monstruos! ¡Mutantes!” al otro, el enemigo par excellance.

Sería fácil acusarle de viejitis aguda, pero la cosa va más allá de ese síndrome que nada tiene que ver con la edad, esto se trata de fundamentalismo pseudo-intelectual. La señora Montero ha tomado por hábito el criticar sin ni siquiera molestarse en ir a las fuentes correspondientes para averiguar. En toda la columna las únicas referencias que se citan son profesores indignados. A la gente de la administración que optó por, no sólo hacerse de la vista larga sino pasarle la mano a los estudiantes, no se les indagó nada. Pues claro, si a cada rato la están invitando a charlitas aquí y allá, y es precisamente ese tipo de institución quien la valida como voz pública. Preguntarle a estudiantes qué piensan de eso, si es que les molesta este tipo de conducta que algunos de sus compañeros manifiestan – pa qué, si bajo la visión Monterina los jóvenes están perdidos, no tienen nada que decir valga la pena ser oído. Ella condena y punto, no tiene ni que conocer el asunto.

Condenar sin conocer, como fórmula para mantener su standing de voz pública no es algo nuevo en este espacio dominical. Si bien la columnista había comenzado a cultivar una reputación como sagaz observadora de diferentes elementos de nuestra sociedad (mis favoritas son sus descripciones de la legislatura) últimamente su razonamiento como que patina. Muestra de este padecer fue su columna sobre facebook en la que condenaba la página y sus usuarios como morones que no leen, no ven buenas películas ni se enteran de lo que pasa en el mundo… y esto luego de manifestar con orgullo que nunca ha entrado a la página. Por lo que nunca se enteró de las marchas, las lecturas de libros en la Tertulia y las obras, entre otros eventos, que allí se convocan. O de la posibilidad de conocer grupos de movimiento social como “no a la 99” – es más fácil condenarlo todo y decir foo que molestarse en pensar y luego hablar.

Y ¿qué hay con la ola de profesores agriaos que no se les ve fuera del horario de clase ni por casualidad? O, ¿de todos aquellos que están por amiguismo mientras gente capacitada con hasta doble doctorado terminan marchándose a otras universidades porque no les es posible conseguir plaza? No, de los problemas grandes, los institucionales que vienen de arriba, de esos no se habla. Total, como los jóvenes no son jefes de nadie, todo lo contrario, son probablemente los trabajadores con peores trabajos donde con frecuencia terminan en Kentucky, o si tienen suerte, Borders, pues que carguen con la culpa solos. Si después de todo para eso han estado desde el principio de la civilización: la juventud siempre va a traer el Apocalipsis, y SURPRISE! SURPRISE! el Apocalipsis nunca llega.

Mas como lo mejor se deja para el final aquí está la frase de oro: “(el problema de la generación de plastas) Es un enigma cuyos resultados se empezarán a ver muy pronto. Tomemos asiento.” Que posturita más cómoda, ¿no? ya oficialmente su labor es la de criticona oficial. Eso de vamos a hacer algo para arreglar la situación – naa, mejor acomódate en el sofa y veamos el show. Pero no, señorita Mayra, lamento informarle que la vida no es una película baratex que consumes comiendo popcorn, la vida se vive y si está mal, te levantas y la arreglas.

*artículo publicado originalmente en http://www.lajotaonline.com/5ta_edicion/montero.html