IT’S ALIVE!!! ComUnArte regresa

22 04 2012

Bueno amigos (y trolles del ciberespacio), luego de dos años en estado comatoso ComUnArte volverá a la vida. En las próximas semanas le estaré dando un muy necesitado makeover (los invito a la paciencia y la generosidad mientras tanto) a esta páginita que comenzara hace ya más de 5 años con los sueños de dos jóvenes amantes del ambiente cultural en Puerto Rico, Viviana Rivera Rendón y esta servidora, Diana Soto De Jesús.

En su comeback ComUnArte estará enfilando los focos  hacia ese campo tan necesitado de cobertura y documentación en Puerto Rico, la danza y las artes del movimiento. Esperen:

  • reseñas/críticas/comentarios
  • anuncios de talleres
  • comentarios sobre el quehacer (y deshacer) de la danza y el movimiento en Puerto Rico y en general
  • y una que otra sorpresa

¡Hasta pronto pues!

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The Wrestler: intrigante perspectiva

23 02 2009
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Mickey Rourke fue nominado a un Oscar como mejor actor por su rol en The Wrestler

The Wrestler es una película estraña. Contradictoria. Algo así como la lucha libre misma, no es un deporte, no es real, se supone que sea puro show, pero nos la creeemos y gritamos y gritamos como si lo fuera. De igual forma, los musculos de los luchadores son reales, la presión para recurrir a fármacos como esteroides está ahí y si te caes del ring o te “disparan” con una grapadora el dolor va a estar ahí, el dolor es real… Igual que la aislación y la frustración en la que a veces resulta la vejez, o más bien el sentirse “viejo” a lo obsoleto, venido a menos, en fin, moribundo. No es bonito. 

Y esta película ciertamente no lo es, es cruda, con imágenes que no son excesivas (no son gores ni pornográficas) pero quizás preferiríamos no ver. Aún así sería una mentira decir que no se disfruta  o que el personaje principal no nos cae bien. No importa que hubiera abandonado a su hija, no importa que use esteroides (definidos en las peliculas de deportes tradicionales como la característica del malo tramposo), no importa que nuestro antihéroe, Randy “The Ram” Robinson”, siga viviendo en una burbuja exótica llamada “los años 80’s”. No importa. Mickey Rourke le da una interpretación al protagonista de esta película que no puede dejar de conmovernos a la vez que nos extremece.

Espectacular: Mickey Rourke en una actuación descomunal, tan honesta, tan humana, tan fuerte y real. genial.

Sorpresivo pero chévere: Darren Aranofski, el director de Pi, Requiem for a Dream y la infame The Fountain controló sus impulsos de viaje total (tanto guionísticos como cinematográficos) y nos dió una película impregnada de realismo, con sus fealdades y bellezas, la cualidad granosa de lo imagen fue un plus.

Medio charrito: las escenas de reproche con la hija “abandonada” de Randy “The Ram” Robinson, un poquito cliché pero se le perdonaba por lo buena que estaba la película en general.

Ea Rayo! Moment: Marisa Tomey, la niña buena par excellence haciendo de striper con unas escenas bastante hardcorosas, nada de glamour a lo Demi Moore en Striptease this is the real thing.





Se queda corta la primera parte de “Ché”: El Argentino

6 02 2009

Quizás tenga que ver con que en Puerto Rico se mostró sólo la primera parte, El Argentino,  en vez de juntas las dos partes como en otros sitios…. quizás, pero la verdad es que aunque sea medio antipático por disque antipatriótico a mi no me convenció la última entrega de Benicio del Toro, “Ché”. Aunque las actuaciones eran sólidas y fue chévere ver a un montón de caras conocidas (al parecer medio Puerto Rico trabajó de extra en el film) me parecio que la última película de Steven Soderbergh tenía un problema narrativo serio, demasiado monótona en el sentido literal, todo estaba en un mismo tono siempre usando los mismos recursos,  y aunque al principio parecían geniales luego de dos horas de lo mismo aún la cinematografía más “perfecta” técnicamente pierde su sabor, su interés. Además, me parece que se pusieron tímidos con eso del Ché ser una figura polémica (revolucionario, terrorista, loco, visionario), y bajo excusa de presentar una visión factual del che y no tomar posiciones respecto a él y su legado, uno ni siente que es humano, más bien parece máquina, para un hombre que declaro que el amor es el más importante valor de un revolucionario resulta irónico que “Ché” nos presente con un hombre que parece guiado más que nada por que así estaba escrito el destino (o el guión) que por nada más, un hombre que en toda la película no parece bajar a tierra y ser humano lo suficiente como para poder hacer tal cosa como amar.

Espectacular: Demian Bichir como Fidel Castro (la forma de hablar, de moverse, genial, gritaba comandante por los poros) y Santiago Cabrera como Camilo Cienfuegos (qué personalidad señores)

Horroroso: Catalina Sandino como Aleida, aunque en muchos actores había cierta inconsistencia en los acentos, Sandino botó la bola, por como hablaba nadie hubiera imaginado que se supone que interpretara a una cubana. Puede parecer una bobada pero en una película de este nivel esas cosas no deben pasar. Además su personaje parecía sobrar, esperemos que en la segunda parte (cuando se convierta en la amante y luego esposa del ché) esto mejore, digo, si me decido a verla.





De la sed y construcción (o no) de una sociedad: estrenos en el décimo aniversario de Andanza

4 11 2008

El teatro no estaba lleno, después de todo se trataba de una produccion de baile local y aunque podemos pagar $80 para ver a Pilobolus, $25 para Andanza es imposible. Pero bueno, déjame quitarme el cinismo de encima porque luego de ver “Andanza, una década de creación” en el Centro de Bellas Artes se me ha pegado un mood de esperanza en el quehacer artístico que no hay quien me lo tumbe. Primero que nada está el hecho: 10 años de existencia de una compañía de danza contemporánea que consistentemente presenta shows nuevos y que funciona a tiempo completo. Segundo está el espectáculo per se, en el cual curiosamente no se hizo un recorrido por las “mejores” o las “más características” piezas de la susodicha compañía sino que, de cuatro piezas, tres fueron estrenos, como quien no se va a quedar estancado en la nostalgia y vislumbra seguir explorando. 

Andanza siempre se ha destacado por tener muy buena técnica y una estética hecha para ser placentera, diferente en algunos aspectos pero siempre bonita. O sea un estilo lo suficientemente contemporáneo como para distinguirse de los esfuerzos “modernos” (yo diría más bien, pop) de compañías tradicionales como Ballet Concierto o Ballet de San Juan, y a la vez lo suficientemente reservados como para no tirarse las maromas “extrañas” de coreógrafas más experimentales como Petra Bravo o Viveca Vázquez. En ese sentido, el espectáculo siguió el canon de Andanza a la vez que presentó una serie de estrenos líricos en sus texturas pero políticos en las posibles lecturas que se les puede hacer considerando el cargado ambiente actual.

“Sed”, de Rodney Rivera, abrió el show representando una lucha impregnada de humanidad que bien podría ser profética. En la actualidad todo el mundo hablará del petróleo, de como sube o baja su precio, de las guerras que por él se han creado y de, bendito dios, que nos haríamos sin él – pero es el agua lo que se vislumbra como el próximo gran recurso por el que hay que velar. Y la sed, obviamente tiene connotaciones más que meramente físicas o literales, después de todo hay sed de muchas cosas en esta vida y la pieza aprovecha esta pluralidad semántica.

La pieza abre con bailarines que cargan cada uno candunguitos/vasitos evidemente vacíos y sin la codiciada agua que  goteaba golozamenete azul por la gran pantalla que cubría el escenario… y hasta la tarima. Poco a poco a partir de esa necesidad individual, biológica, que tenemos los humanos de beber se empiezan a formar relaciones: parejas que se disputan un vaso, parejas que se comparten el líquido preciado, y claro está, parejas más parejas hacen grupos. Pero como todos sabemos, una sociedad, por mas grupal que sea por definición su existencia, siempre tiene sus fracturas – los grupos, después de todo, están compuestos por individuos. Entonces, a través de las entradas y salidas de los bailarines se crea un ritmo increíble que nos deja ver los vaivenes de la vida – la nostalgia, el frenesí, la excitación.

Si bien el desarrollo del concepto no es increíblemente original (gente tiene sed, no sólo física sino también emocional,  y lo vamos a mostrar con contrastes entre azul de agua y tierra desierto) la manera que se trabajó fue tan genuina y la ejecución de los bailarines demostró tanta disciplina técnica y pasión artística a la vez que uno no podía más que conmoverse. Además para su mérito hay que mencionar que hubo parejas compuestas por mujeres solamente, y no en función de coro o mucho menos, sino que eran tan pareja como las tradicionales parejas de hombre y mujeres. Lo menciono porque si algo he notado de Andanza es que a pesar de que han roto muchas barreras en el baile local tienden a tener una rígida formación del trabajo en pareja como exclusivo entre hombre y mujer, con el hombre siempre cargando a la mujer. Fue chévere ver aunque sea una insinuación de un intento por empezar a trabajar otras configuraciones.

Por otra parte, como era de esperar, los otros trabajos fueron coreografeados por Lolita Villanúa y Carlos Iván Santos. Villanúa dirigió “Hora Pico” y ya podrán imaginar: tenía que ver con el estrés de la ciudad y como eso afecta las relaciones humanas, más una vez más aunque el concepto era adivinable la manera dinámica en que se trabajó incluyendo un uso del espacio casi estrictamente diagonal a partir de un fugaz rayo de luz que fue interesantísimo. Por no hablar de la música en vivo, una composición basada en la percusión que volvió la sabrosa clave salsera en un marcador estresante del tiempo en vez del signo lúdico de ocio, baile y botella con el que usualmente lo asociamos.

Santos presentó dos piezas. La primera fue “Recovecos” el único no estreno de la noche y la cual contaba con un vestuario de aeromozas futurísticas estilo del vídeo “Toxic” de Britney Spears… Me gustaría pensar que era un comentario sobre lo demasiado pop y prostituido en nuestra cultura, pero no quedo completamente definido. Curiosamente fue Santos también el que coreografeó lo que probablemente fue la pieza cúspide de la noche: “Viñetas”. En este trabajo Andanza aprovechó su capacidad para jugar con objetos y en esta ocasión se inspiraron en los cubos. Un cubo, a poco la unidad básica de cualquier cajita de legos porque con ella hacemos los edificios más altos, esos que después venía nuestro hermano mayor y destruía con despecho a fuerza de un manoplazo – así como el Big Brother de nuestra sociedad. Con los cubos se hacían edificios que los bailarines trepaban de maneras inesperadas, casi volando, escalando, resbalando: desde lo animal hasta lo etéreo todo estaba allí. Mas los cubos también se podían desmontar con los cuerpos casi como si estuvieran jugando un Jenga gigante.

Había un cubo por cada uno de los nueves bailarines y así cada cual decidía si en ese momento aportaba a la gran construcción del momento o si se apartaba del gran “edificio social”. Mas en medio de tanta euforia de construir y como construir resaltaba algo: la soledad de una iniciativa individual. La pieza empezó con una mujer sola bailando, literalmente en el spotlight en una esquina del escenario, era un baile que más bien era una lucha. Luego el vino el frenesí de la unión y desunión constante de los susodichos cubos formados por grandes cajas de madera. Finalmente cada bailarín coge su cubo, su única unidad geométrica en aquella sociedad y se va a dormir. Mas espera, en  la noche del baile que ya se acaba se levanta una mujer (¿acaso la misma que vimos luchando en soledad al principio?), mientras un hombre anónimo hace rodar el cubo/caja de esa mujer fuera del escenario como quien la quisiera desterrar. Pero no, ella se levanta y mientras el cubo rueda hacia fuera del escenario ella camina para adentro, como quien no se rinde antes las fuerzas que la arrastran, es la imagen literal, poderosa y clara de quien camina contra la corriente, con todos sus desbalances y malabares pero camina en fin hacia donde mejor entiende.

Y no pude evitar pensar en las elecciones que nos caen encima. Como se nos promete tanta villa y castilla, está todo allá arriba, montados los cubos uno sobre otro, y uno se siente que a poco los subes y bajas en tu constante devenir por la ciudad de nuestros días pero nunca realmente eres tú el que decide si se construye o no y cómo se va a construir, y entonces viene Andanza a empujar un cubito con un pie como quien no quiere la cosa e implicar que tu también puedes deconstruir ese edificio, y por supuesto, reconstruirlo.