“¿Bailando el género?”, el humor y la danza experimental

28 11 2008

Recientemente se presentó “¿Bailando el género?”, un trabajo que contó con la colaboración de la coreógrafa radicada en Nueva York, Sally Silvers. Esto como parte del curso “Danza, teatro y género” de nuestra coreógrafa de danza exprimental criolla, Viveca Vázquez, que forma parte del programa de estudios interdisciplinarios de la UPR. Y aunque ya redacté una nota al respecto en el diario Diálogo Digital, por causa de la “objetividad periodística” me he quedado con las ganas de hacer par de comentarios en torno a la pieza. En particular el uso del humor.

 

Contrario a otros exponentes de la danza experimental y el mundillo de lo que se podría denominar como la “danza alternativa”, Silvers no le huye al humor como herramienta para provocar una reacción. Ser comprometido con su trabajo o promover la deconstrucción puede ser un “trabajo serio”, pero su manifestación no tiene porque serla también y mucho menos tiene que sacrificarse lo juglaresco del día a día en el altar de la “rebeldía” o de lo que se define como “rebelde” y “antinormativo”. Y es entonces cuando aparece Silvers a inundarnos de imágenes absurdas (y cómicas) de nuestra cotidianidad: “enfermitos sexuales”, seres primitivos que parecen gorilas desquiciados (no me van a decir que no se tropiezan con un verdadero neandertal al menos cada tres días) y estatuas estilo Misses del Universo posando en poses bien “fabulous!”, para citar a las chicas de Sex and the City que de seguro entienden mejor que nadie la idea de performar el género y ejecutar su baile.

 

Otro ejemplo del uso de la ironía como estrategia del baile fue el inicio del espectáculo. Silvers entró sola, como era de esperar para la artista invitada, la extranjera… vale, la estrella de la noche. Y luego de empezar un baile típico de la danza experimental con sus movimientos no facilmente decodificables, irumpe el colmo de lo decodificable: una musiquita de jíbaros más boricuas que el vendedor de la lotería de la esquina. Música común, local y quizás hasta menospreciada que acompañaron los gestos a veces solemnes, a veces salvajes y muchas otras, jueguetones o hasta semi burlones, de la Silvers. Nada, que no es frecuente, al menos en mi caso, ir a ver una presentación de danza experimental y uno sentir no sólo que aprendió o que alguien le dio una lección sobre lo que debe ser o no la danza, sino que genuinamente se disfruta de la experiencia. ¿Quién dijo que el entretenimiento es terreno exclusivo de lo “pop” y lo “vendido” o “comercial”?

silvers_2

Sally Silvers hace algunos añitos atrás, aunque creánme, todavía le queda esa flexibilidad.

Anuncios




¡Por fin somos Colón!

29 10 2007

Afiche de1 1982 de  pelicula española

El pasado martes 16 (si, nada de 13 ni de superticiones aunque estemos en el mes de las “brujas”) reconocí nuevas y viejas realidades en mi más reciente visita al teatro del recinto riopedrense de la universidad del estado, es decir, la iupi. Directamente desde España se presentaba en única función La Barraca de Colón, cuyo estilo de la compañía Teatro Corsario y sinopsis intrigaron a estudiantes, profesores y público en general que llenaron casi a capacidad la sala. No logramos entrar a la función sin antes hacer una fila desorganizada que nos mantuvo frente a las puertas del teatro desplegados por sus escaleras cuales feligreses llegando de una larga procesión a un anhelado altar. Pero esperar así es una vieja realidad al igual que la ola de calor, el dengue o que si eres extranjero a la iupi pagas diez dólares con setenta centavos, en otra ocasiones quizás más, para lograr acceso a las tablas. Las nuevas realidades estaban a punto de comenzar conjunto con la obra que estaba media hora retrasada. Tratando de escoger el mejor asiento me encamino por las escaleras y una ujier me explica que permanece cerrada la puerta de acceso al mezzannine y de más áreas del segundo piso por órdenes de esperar que se llene el primer piso primero, ¡que casualidad! Entendemos por razones obvias que esas órdenes provenían de alguien superior en poder a ella en la omnipresente torre de la burocracia. Aunque usted haya pagado o tuviera el privilegio de entrar de manera “gratuita” tenías que acomodarte estructuradamente y en ese orden designado. Las taquillas no asignaban asientos, solo un conteo de registros. Dudo que, si se llenaba la sala y decidían abrir el segundo piso, fueran a buscarme en la esquina o entre medio de asientos para hacerle honor al valor de la justicia y permitirme ubicarme donde realmente quería, antes de que alguien que llegara mucho más tarde que yo ocupara los deseados asientos del mezzannine. Todo quedó como un suceso imaginario pues ante la llegada de más compañeros finalmente no terminó como utopía el acceso al segundo piso, nuestra primera opción.
La tradicional tercera llamada y la delicada disminución de luces fueron la señal para el silencio de la audiencia y la salida de un hombre a escena que, abriendose paso entre el aún cerrado telón, nos acompañaría el resto de la hora y media narrando la obra. Ésta estuvo caracterizada por un elenco realizando más de un personaje, la sátira y los elementos circences. La comedia fue el resultado mientras nos presentaban una nueva versión del personaje histórico de Cristobal Colón desde una perspectiva muy diferente y menos inocente que la que nos enseñan con detalles menguados cuando vamos a la escuelita. Desde el nacimiento de la primera ambición hacia el viaje a las Indias hasta la llegada a las Américas, su relación con la Reina, los nobles y nativos mejicanos del futuro escenificados añadido a la picardía, canto y baile del espectáculo, lograron que transcurriera una presentación fresca y diferente a los que conocemos en el teatro de nuestro país.

En medio del festejo por el concedido permiso Real de su planificado viaje, el personaje principal genialmente exclama: “¡Por fin soy Colón!” dejando entrever la intención de presentarlo como el ser codicioso que pudo haber sido y abriendo una ventana entre él, el futuro y la audiencia. Pensé que aún con el efecto del tiempo y la historia cada uno de nosotros se parece mucho a este personaje mientras buscamos como el dinero, poder, fama, tecnología y medios mal utilizados puedan encaminarnos a algún portal que nos permita ver en que nos convertiremos, poder regresar y decir ante un legendario logro, entre ironías y frivolidad… ¡Por fin somos Colón! Es precisamente la estaticidad de ciertas ideas y prejuicios que han predominado en sociedades las que fueron problematizadas y burladas en el argumento de la pieza puesta en escena.